Una de las muchas facetas apasionantes del “Executive Search”, además de la búsqueda de los mejores profesionales para la empresa, reside en la observación y el seguimiento de una infinidad de hombres y mujeres a lo largo de sus trayectorias profesionales. En la vida podemos trabajar con datos, cosas, máquinas, números, opiniones, estadísticas, etc., pero trabajar con personas es realmente un privilegio.

El mundo de la economía y de las organizaciones se asemeja a un entramado en el que se cruzan empresas y carreras directivas, como la trama y la urdimbre que forman un tejido.

Es, pues, interesante observar, a través de las personas, cómo muchas empresas  evolucionan y cambian su cultura, poco a poco, a menudo con dolor, dejando siempre rescoldos de la cultura antigua, que nunca llega a desaparecer y que, a veces, brota, como los restos de antiguas civilizaciones.

Y también es apasionante seguir las carreras de directivos en diferentes empresas, dejando o no su huella en cada una, repitiendo éxitos, fracasos y la impronta de su carácter. Pero, al mismo tiempo, cambiando en cada etapa y no siendo ya el mismo que en la anterior.

Por eso nuestra profesión nos trae el recuerdo de la poesía de León Felipe, en una casa, alquilada, de un pueblo de la Alcarria. En su cuarto, limpio y fresco, él sólo tiene una mesa con un libro, una silla, una cama y el cristal de su ventana que da a la calle, por donde la gente pasa. Pocas cosas son la mesa, el libro y el cristal de una ventana. Mas todo el pulso del mundo por esos cristales pasa cuando ve a esa mujer cargada de leña a la espalda, a los pastores cansados que vienen de Pastrana y a esa niña que va a la escuela de tan mala gana.

Todo el pulso de la vida de directivos, hombres y mujeres, también por nuestros cristales pasa, y muchos a veces se asemejan a la mujer, a la niña o a los pastores de Pastrana. En este mundo, a través de la ventana, vemos pasar todas las virtudes y grandeza de que es capaz el ser humano y también algunas de sus miserias y debilidades.

Quizás lo más sorprendente respecto a las personas es lo poco que cambiamos en algunos aspectos básicos de nuestra personalidad y carácter. Sin embargo, mirando con atención y candor por el cristal y también abriéndolo a menudo, podemos aprender algunas cosas, tanto del mundo de las organizaciones como de la vida misma.

Éstas son algunas, entre otras muchas que probablemente escapan a nuestra vista, en el devenir de la gente por la calle a la que da nuestra ventana:

1.  Cómo nuestro comportamiento en el pasado es, en gran medida, un predictor de cómo nos vamos a comportar en el futuro, hasta incluyendo nuestra capacidad de cambiar.

2.  Cómo el tiempo forja nuevas amistades, que empezaron siendo relaciones profesionales estables, duraderas, sometidas a las duras y a las maduras, en las que la lealtad mutua en el trabajo va construyendo una amistad y relación en que la persona es un fin en sí mismo.

3.  Cómo el tratar bien al otro, libremente, sin estar obligados ni caer en el servilismo, hace que aquel esté en disposición de entendernos mejor y aceptar nuestras opiniones y condiciones.

4.  Por el contrario, cómo el otro, sea cliente, candidato o cualquiera, puede perdonar nuestra inoportunidad, torpeza o hasta incompetencia, si la admitimos, pero jamás perdonará que le tratemos mal o que le engañemos.

5.  Con la misma lógica, cómo el tiempo nos ayuda a perdonar los maltratos u ofensas del pasado. Aunque no podamos olvidar del todo, aprendemos a responder con generosidad, sin ajuste de cuentas y reconstruyendo la relación. “Arrieros somos y en el camino nos encontraremos…y entonces te trataré bien”. No hay tiempo para odios ni rencores.

6.  Qué paz y satisfacción se sienten tras haber tratado bien, contra todos nuestros instintos y deseos de venganza, a la persona que nos pide ayuda ahora, tras habernos tratado mal en el pasado. No es fácil, pues somos humanos. Pero los dividendos emocionales son portentosos.

7.  Qué poco sentido tiene el ajuste de cuentas que alguna vez hayamos hecho impulsivamente. La venganza es siempre amarga. Tras el placer inicial de que las cosas han quedado en su sitio y así aprenderá el otro, vemos después que todo ha  quedado peor: las cosas, el otro y nosotros.

8.  Qué inmenso es el campo en que se puede ayudar a los profesionales en la gestión de su propia carrera y en ocupar el asiento del conductor en la toma de decisiones sobre la misma. Junto a la familia, libertad, futuro y vida, la propia carrera es de lo más importante. Es un tema no delegable.

9.  Cómo, tras haber cometido un error, reconocerlo y asumirlo ante el cliente o cualquier otra persona (“Reconozco que me he equivocado y quiero decírtelo claramente”), se comienza a reconstruir la relación, personal o profesional.

10. Finalmente, a pesar de que los humanos aprendemos  poco de la experiencia ajena, el cristal de la ventana, como un pequeño teatro de la vida, nos permite unas veces  observar la misma escena con distintos personajes, y otras al mismo personaje en diferentes escenas. Por tosca que sea nuestra mente es imposible no aprender algo.

Son pequeños retales de la vida. Como al final de su poesía decía León Felipe: “¡Qué pena que, desde este modesto cristal de una ventana, venga, tan solo, a contar, cosas de poca importancia!”

José Medina

Publicaciones

Insight

Consejos de carrera para llegar al Comité de Dirección

No importa lo joven que seas ni lo lejos que estés del Comité de Dirección, estas 8 simples regla...

Insight

El escenario de 2020...

...se regirá por una constante incertidumbre y cambios organizativos y tecnológicos. Serán necesa...

Insight

The pursuit of happiness

What motivates top executives around the world?