Soy el director general de una compañía que factura 400 millones de euros y que ha visto reducirse mucho su margen de rentabilidad en los últimos dos años. Tras implantar diversos planes de optimización de costes, ahora tenemos el objetivo de aumentar la productividad de nuestra plantilla, especialmente en el ámbito de las operaciones. Para ello hemos de poner en marcha un plan de productividad. ¿Qué aspectos clave tengo que considerar? J. M. S. Madrid.

RESPUESTA. Para compensar una reducción de la rentabilidad, siempre es más fácil atacar la reducción de costes que abordar un incremento de nuestra productividad interna, pero al final la productividad siempre es un factor clave de competitividad y complejo de optimizar. Afróntelo con la máxima transparencia y apuntando siempre a "la mayor" para poder implantar con éxito los cambios que necesita su compañía. Tenga en cuenta que los planes de productividad siempre generan cierto rechazo inicial en los equipos, al fin y al cabo, el mensaje es que no es lo suficientemente productivo y por ello apostamos por estas medidas de mejora.

El éxito de su plan de productividad dependerá de su capacidad de liderar este proyecto. Para ello deberá tener muy en cuenta los siguientes aspectos clave:

  1. Comunicación: es especialmente importante que gestione la comunicación del proyecto desde el inicio. Afronte esta comunicación a todos los niveles: equipo directivo, mandos intermedios y equipos de trabajo. En cada foro deberá comunicar la necesidad y los objetivos que persigue de forma directa y proactiva, haciendo especial énfasis en los argumentos que le obligan a acometer este cambio (caída de las ventas, erosión del margen, pérdida de competitividad...). Es imprescindible que su personal entienda la criticidad de la situación y sobre todo las posibles consecuencias de no abordar este cambio.
  2. Negociación: identifique su modelo para capturar la mejora de productividad antes de abordar el ejercicio. Reflexione sobre ello. Deberá tener preparado previamente su plan de negociación con los representantes de los trabajadores para acordar conjuntamente la fórmula de materializar los aumentos de productividad que se identifiquen. Por ejemplo, si mantiene su nivel de actividad actual pero realizando menos horas de trabajo, conllevará un aumento de la productividad que tendrá que capturarlo por alguna vía, como la reducción de la jornada laboral, la eliminación de horas extras, las bajas incentivadas, o la extinción de los contratos temporales entre otras opciones.
  3. Planificación: mantenga su hoja de ruta durante todo el proceso. Es imprescindible que cubra correctamente todas las fases del proceso.

Las fases conllevan dos categorías, la primera, analizar los niveles de productividad actual e identificar las líneas de mejora. Deberá fomentar la participación de sus equipos aunque propongan medidas de pequeño impacto (es necesario para que luego tenga legitimación a la hora de implantar las mejoras). Después deberá impulsar aquellas medidas importantes y que supongan grandes mejoras.

La segunda fase es la de desarrollo e implantación de las iniciativas, realizando el seguimiento del grado de avance y de la consecución de los objetivos (recuerde que es imprescindible medir los nuevos niveles de productividad y compararlos con los anteriores).

Sea perseverante, todo se puede mejorar, incluida la productividad. Lidere con fuerza estos aspectos; de esta forma podrá conseguir su objetivo de aumentar la productividad y recuperar así los niveles de rentabilidad y competitividad de su compañía.

- Vicente Segura, Director de Odgers Berndtson

Vicente Segura de Antonio

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