Hay, al menos, siete características del líder excelente que le transcienden. Van más allá de su personalidad, perfil o estilo de liderazgo y quedan plasmadas en la empresa. Son huellas, resultados concretos y palpables, que deja o no deja la persona en la organización, tras su paso por ella, y que diferencian al líder excelente del mediano o meramente adecuado. Estas son, a nuestro entender:

  1. DEJAR HUELLA. Los líderes excelentes dejan huella: obras consolidadas o a punto de consolidar por sus sucesores. Las cosas son distintas a su entrada que a su salida. Hay un antes y un después, una fisura, un escalón y nivel distinto. Hay un cambio, un “management” de la discontinuidad. Son personas que influyen en su contexto y lo modifican. Por el contrario, el líder mediano apenas deja huella. Su paso por la empresa es intrascendente, pasa desapercibido, o, a veces, a peor. Este pseudoliderazgo se asemeja al de algunos de los ya muy lejanos presidentes de empresas del antiguo INI, que, ante todo, procuraban que su gestión pasara lo más desapercibida posible.
  2. CREAR EQUIPO, ESCUELA Y/O CULTURA. Prácticamente siempre construyen y desarrollan un equipo. Siembran y multiplican de esta forma su eficacia, como un grano de trigo que, con el tiempo, se transforma en un gran campo de espigas. Asimismo, dejan tras de sí no solo un equipo, sino también una escuela; crean cultura y, a veces, un nuevo paradigma o visión de la empresa y de su contexto. Es el caso de López Arriortúa, que, entre otras cosas, transformó las compras, logística y procesos productivos en toda una gestión global.
  3. IMPACTO EN FORMA DE “DONUT”. Con frecuencia, las contribuciones clave del líder excelente no aparecen escritas entre las responsabilidades de su puesto de trabajo, o parte interior (A) del “donut”. Esta es el área que hay que cumplir como condición necesaria para no fracasar, pero no suficiente para triunfar. El impacto va mucho más allá de estas “responsabilidades de 1º orden” formales. El líder excelente descubre y aprovecha una serie de oportunidades no identificadas por el sistema, que suponen una contribución clave a los resultados de la empresa. Esta zona (B) es la parte externa del “donut”, la rellena, nunca mejor dicho, de oportunidades. Es el área de la iniciativa y del ejercicio de la libertad. Es aquí donde residen las principales teclas y claves del éxito de un líder. Son las “responsabilidades de 2º orden” que nadie nos exigirá ni echará en cara por no haberlas cumplido, pero que habremos o no aprovechado en nuestra vida. Por eso, el liderazgo excelente constituye una auténtica inyección de eficacia en la gestión de la empresa, más allá de los resultados oficialmente esperados.
  4. DAR “MIL POR UNO”. La remuneración material que los grandes líderes  reciben de la empresa es irrelevante en relación con la riqueza y valor que generan. Al mismo tiempo, se sienten en equidad. El salario material es importante, y les sirve como elemento de comparación con sus grupos de referencia. Pero lo que realmente les mueve a un cambio es el proyecto y el salario emocional: aceptar el desafío donde se van a poner a prueba y a aprovechar sus mejores capacidades y experiencia y se van a satisfacer sus necesidades más exquisitas de logro y desarrollo profesional y personal. Lo que indefectiblemente hace marchar a un buen líder de la empresa es el sentirse coartado o limitado en esto. Por eso se suele decir que los profesionales entran a la empresa por el proyecto, y se marchan por un mal jefe.
  5. APORTAN VALORES (además de aportar valor), en forma de un liderazgo exquisito, inconsciente. Influyen con su ejemplo, sin pretender predicar con él. Transmiten a las personas algo más allá de su enfoque de gestión: sus valores personales, pero de forma espontánea, no pretendida. Se trata de un liderazgo que no se enseña, sino que se aprende. Todos somos capaces de practicarlo en mayor o menor grado, y es el área donde paradójicamente más podemos influir en los demás. El impacto de este liderazgo exquisito en la empresa se manifiesta a veces cuando el líder ya ha desaparecido. Quedan los valores que practicó, sin que pretendiera dar ejemplo, y que la gente aprendió libremente. Es un liderazgo que reparte trigo sin predicar.
  6. SU IMPACTO SIGUE LA LEY DE PARETO. De la docena o quincena de sus cometidos, el líder excelente sabe muy bien que sólo dos o, a lo sumo tres, son los que contribuyen al 80 o 90% de su  eficacia y aportación a la empresa, y en ellos se concentra.
  7. CONSOLIDAR = APORTAR + APRENDER. El líder excelente consolida proyectos y resultados, aportando su anterior experiencia y talante personal, al tiempo de aprender de la nueva experiencia. Difícilmente se aporta y se consolida algo sin aprender.

Estas siete características, sin descartar quizás alguna otra, acompañan siempre a los grandes líderes en su paso por la empresa y en la huella que dejan.

José Medina

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