Ser del Atleti (ahora más que nunca)

22 feb. 2011

Ser del Atleti (ahora más que nunca)

Hace unos días, en el editorial de un periódico de tirada nacional, se explicaba el ambiente depresivo que se había instalado en las empresas españolas, identificando los principales problemas que acucian a muchas de ellas. Si bien es cierto que hay problemas objetivos a los que es difícil enfrentarse, también existen problemas subjetivos sobre los cuales si se puede actuar y cuya resolución ayuda a gestionar de forma más eficaz los problemas objetivos. Uno de los problemas subjetivos más habituales, tiene que ver con el perfil de liderazgo instalado en la cúpula de las organizaciones.

Durante mi trayectoria profesional he podido asistir como invitado de primera fila a la evolución de muchos comportamientos directivos en función de una coyuntura económica y/o empresarial. Quien tiene un perfil de liderazgo represor, lo ejerce con soltura en las épocas de bonanza, pero lo refuerza en las de crisis. Casi siempre se escuda para ejercerlo en los aspectos formales de la posición que ocupa, lo cual no lleva, normalmente, aparejada autoridad moral para ello. Habitualmente utiliza técnicas incalificables tales como la amenaza y la desautorización, muchas veces en público, trufadas de abundante mala educación, con el objetivo último de minar la autoestima, tanto individual como colectiva. Parece que sólo a través de esa especie de sometimiento es capaz de reafirmar su posición, aunque, a veces, sea a costa de dinamitar los cimientos de la organización a la que pertenece. Ahora cuando las dificultades arrecian, esos líderes se transforman en la versión gerencial de Mr. Hyde. Esto es algo que he podido constatar, con más frecuencia de lo que me hubiera gustado, en estos últimos meses.

Si recordáis, hace algunos meses escribía en esta misma columna, acerca de las competencias que tienen los directivos que profesan la fe rojiblanca, las cuales son dignas de ser tenidas muy en cuenta para enfrentarse a retos ambiciosos en momentos difíciles. Pues también en muchos de esos directivos, he encontrado ese perfil de liderazgo transformador que fomenta la fluidez del talento y construyen entornos en los que, sin relajar el nivel de exigencia, su refuerza la autoestima de su equipo. Con ello contribuyen a generar una dinámica creadora de la que sólo obtendrá beneficios, tanto para él como para la organización a la que pertenece.

Como estas características parece que forman parte del ADN de los atléticos, no sería nada malo que en propio club se hiciera una reflexión sobre este tema y se gestionen mejor las distorsiones entre el lenguaje verbal y el no verbal en las apariciones públicas de algunos de los miembros del mismo, porque muchas veces denotan un muy bajo momento, por lo que a la autoestima se refiere.

El liderazgo transformador sirve para recuperar y reforzar el orgullo de pertenencia, ya sea a una empresa o club de fútbol y eso implica, ahora que pintan bastos, dar un paso al frente. Por eso, ahora más que nunca, soy del Atleti.