Sentido y sensibilidad en la Era del Conocimiento

01 jun. 2009

Sentido y sensibilidad en la Era del Conocimiento

Desde que, allá por los inicios de la década de los noventa, comencé en esta apasionante profesión de consultor de búsqueda de directivos, ha cambiado prácticamente todo: el mundo, el mercado, el entorno... Hemos visto muchas coyunturas diferentes, pero entre esas transformaciones hay una que destaca por encima de todas: la multiplicación de las posibilidades de acceso a la información, y cómo la gestión de la misma ha revolucionado el mundo empresarial.

Cuando mencionamos el término "información", intuimos que, casi siempre, detrás hay "un mensajero". En el entorno corporativo, a ese "mensajero" se le conocía originariamente como "Jefe de Prensa", y su rol se circunscribía, simplificando, a la mera transmisión a la prensa -ni siquiera a "los Medios"-, de alguna información más o menos relevante. Hoy, y después de una evolución rápida e intensa, el posicionamiento de esta función en los organigramas se ha visto claramente valorado, hasta el punto de entrar a formar parte del grupo de directivos clave de una organización. Sin embargo, y a pesar de su carácter cada vez más relevante, la figura del Director de Comunicación aparece casi siempre diluida, como en un segundo plano, en los "títulos de crédito" de las organizaciones, llámense empresa privada, o administración pública.

Impacto en resultados

Es cierto que el área de Comunicación no tiene en todas las organizaciones, ni la misma importancia relativa, ni el mismo contenido y responsabilidad, ya que influye mucho desde el grado de profesionalización de la organización en la que está integrada, hasta las propias características del sector y/o mercados en los que dicha organización opera. Pero está claro que una de las características de la evolución reciente de esta posición ha consistido en dotarla de un contenido gerencial cada vez más amplio y complejo, en contraposición con el mero enfoque funcional y técnico que tenían los perfiles del pasado. Ello tiene sentido porque el alto impacto del área en el devenir de las organizaciones, y por tanto, especialmente si hablamos de una empresa privada, en la cuenta de resultados, es cada vez más evidente.

A lo largo de estos años, hemos llevado a cabo un gran número de procesos de búsqueda para todo tipo de empresas en un amplísimo abanico de sectores y en el perfil "duro" de competencias técnicas hemos observado, entre otros, la apertura de los requerimientos de formación, si bien es cierto que siguen siendo mayoría los licenciados en Ciencias de la Información. Pero sobre todo, desde el punto de vista de la experiencia, se percibe una creciente transversalidad sectorial, la cual permite el enriquecimiento de los profesionales de la función, y hace a los mercados e industrias más permeables y abiertos a compartir, que no repetir, experiencias que contribuyen al desarrollo de su comunicación. Por supuesto, permanecen excepciones relacionadas con la propia especificidad del sector.

Nuevas competencias

Pero, de la mano de las cada vez más amplias competencias técnicas requeridas, quizás ha evolucionado más el perfil "soft" de competencias personales. Además de algunas competencias más "clásicas", como las habilidades sociales y de comunicación, cada vez se hace más hincapié en aspectos como:

  • Capacidad de definir e implementar una estrategia integrada en la estructura de gestión de la organización, prestando atención a los valores intangibles de la misma.
  • Habilidad para integrarse eficazmente en estructuras más que matriciales, "poliédricas".
  • Autoridad moral, en contraposición a formal. En las organizaciones actuales prima la influencia versus el poder o la jerarquía.
  • Flexibilidad necesaria para transformar cada reto en una oportunidad.
  • Capacidad de comprometerse con un proyecto, con vocación de servicio a la organización de la que forma parte.
  • Orientación al mercado, al negocio y al cliente.
  • Criterio y aplomo para discutir planteamientos sin frustrarse, sabiendo gestionar la incertidumbre. Valor para defender las convicciones, incluso ante la ambigüedad.
  • Énfasis en la acción vs. planificación racional. Perspicacia en la decisión.
  • Ser un auténtico "desarrollo de compromisos" a través del mensaje, que fomenten el orgullo de pertenencia a la organización, ya sea como empleado o como cliente.

Es en este último punto donde el concepto de responsabilidad social adquiere, en estos tiempos que nos toca vivir, un papel protagonista. Por ello, el rol de Director de Comunicación, transciende los límites de la organización y adquiere una nueva dimensión social. Ahora es el momento del "sentido y la sensibilidad" en el mensaje.