Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor: ser del Atleti (y III)

19 may. 2010

Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor: ser del Atleti (y III)

Hoy es un día para la alegría, pero también para la reflexión. En esta corta serie que hoy culmina, en la que he intentado combinar sentimiento y análisis, subyace un mensaje: cuando en una organización se trabaja en equipo, cada uno de los que la integran tiene una descripción definida de las responsabilidades de la posición que ocupa, pero al mismo tiempo es capaz de ver más allá de las fronteras de su propio puesto o rol; los intereses de todos los individuos están alineados; hay sentido del compromiso; el sacrificio es colectivo y no hay egos acusados que gestionar; los resultados llegan, vaya que si llegan.

Desde aquí quiero rendir un homenaje, en este caso, a la querida Albión. En primer lugar, y muy importante, por haber aportado un digno subcampeón. En segundo lugar, porque hoy, precisamente hoy, se cumplen 70 años del famoso discurso de Churchill en el que incluyó la famosa frase, que no era original suya: "No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor." Creo que es una frase que describe a la perfección lo que es el Atleti. Afortunadamente, la única sangre que corrió en Hamburgo lo hizo por las venas de los jugadores y de todos aquellos aficionados que estuvieron en el estadio y, más modestamente, de los que vimos el partido desde nuestras casas. También me agradó comprobar, al fin, que la sangre real no es azul, como todos pensábamos, sino rojiblanca, lo cual dice mucho de las competencias personales que tiene para desempeñar con éxito sus presentes y futuras responsabilidades. El esfuerzo y el sudor quedaron patentes en el campo: cumplieron con creces, porque eso es lo que su orgullo de profesionales les demandaba antes de empezar el partido. Y las lágrimas, qué decir de un equipo como éste, capaz como ningún otro de agitar sentimientos y emociones; después de no pocos disgustos, ayer, por fin, fueron de alegría.

Ahora, saquemos conclusiones de hasta dónde nos pueden llevar estas reflexiones. Aprovechemos, una vez más, para reforzar nuestra autoestima, desterrar de nuestro vocabulario palabras que no nos aportan nada, y dejar en la cuneta del pasado cualquier atisbo de complejo. Esta filosofía es aplicable a un equipo de fútbol, a una empresa y, por supuesto y ahora más que nunca, a nuestro país.

Para terminar, a todos los que con tanto interés habéis seguido esta serie, os dedico este poema de Robert Herrick, poeta inglés del siglo XVII: "Si poco es nuestro trabajo, pequeñas son nuestras ganancias: las fortunas de un hombre están acordes con su sufrimiento."