Cuando los jóvenes están a punto de acabar su carrera o grado, les llega el momento de decidir qué destino laboral desean o encaja más con sus gustos y preferencias: banca, marketing, consultoría, ingeniería, auditoría... Con muchas ganas, afrontan la confección y envío de sus primeros currículum vítae.

Una de las salidas más bonitas y buscadas siempre ha sido y sigue siendo la consultoría. De estrategia, de negocio, tecnológica o de recursos humanos, cualquiera de los formatos es atractivo, porque permite a los profesionales experimentar y acceder a proyectos diversos, cambiar de cliente u oficina dos o tres veces al año, trabajar muchas horas, pero en un entorno agradable y en equipo. Podrán conocer gente con sus mismas inquietudes y con las que pueden compartir no sólo la semana laboral, sino el fin de semana, o viajes por España, Europa y el mundo haciendo realidad proyectos y viviendo en hoteles. En definitiva, una vida intensa para aprender muy rápido y vivir la vida, al menos de inicio, deprisa.

Una vez enviados los currículum a las compañías consultoras que consideran más apropiadas y superar los primeros filtros, comienzan con las entrevistas. El proceso no es convencional, pero sí de larga tradición en el sector, centrado en el planteamiento de casos reales o cuasi-reales. Además de resolver temas actuales, interactúan con tres y hasta cinco consultores de diferentes rangos de la empresa en cuestión. Es decir, gente que ha pasado por su rol y con la que compartirán, si pasan todas las pruebas, la ejecución de los proyectos.

Es un proceso de selección muy duro, por la cantidad de entrevistas y su intensidad, pero, por un lado, refleja fielmente la realidad de su futura vida diaria; y además el candidato tiene la oportunidad de ver en los ojos de los consultores y en su manera de actuar cómo es la cultura de la firma, y así poder elegir si ésa esa su “manada” ideal.

La clave para elegir bien está en pensar si te gustaría trabajar con la gente con la que te has entrevistado. De hecho, la pregunta clave que se hace la firma durante el proceso es, “¿te lo llevarías a tu proyecto?”. En Odgers Berndtson Management Consultants la pregunta concreta y secreta es: “¿Es un lince pata negra?”

Los que superan todas las rondas reciben por carta, email o por teléfono (lo más habitual) la noticia de que son admitidos. Padres y demás familia allegada enseguida son informados de que el “pitufo” ha sido aceptado en el gremio (¡fiesta o cena asegurada!). La familia observa no sólo en la cara de su hijo/a la alegría y el orgullo de iniciar su carrera de consultor/a, sino también un sueldo muy competitivo, un contrato fijo indefinido, diversos seguros, tarjeta de comida, etcétera. En definitiva, jugada redonda y tranquilidad para la familia.

El primer día de trabajo marca cómo será el futuro. Nada se esconde y van al ruedo como uno más. Intenso, duro, todo nuevo, muchos compañeros, clientes, oficinas, PC, herramientas ofimáticas, política interna... Una batería de cosas nuevas y la sensación socrática de que “sólo sé que no sé nada”.

Viven en un sólo día el equivalente a meses enteros en la facultad. Todo lo que creían saber con creces se esfuma, y la sensación de alegría se torna en frustración. Al mal trago inicial se le añade la velocidad del proyecto y del equipo con lo que, para coger ritmo y estar a la altura, sólo hay una solución: echarle las famosas “horillas” de consultoría. La pregunta inicial, ¿cuál es el horario de trabajo?”, se convierte en “¿cuándo son las vacaciones, por favor?”.

Pero el estar rodeado de un buen equipo con excelentes profesionales y mejores personas hace que la vivencia de esos primeros días se convierta en algo duro, pero inolvidable en el buen sentido de la palabra. Mientras, las familias incrédulas en sus cuarteles generales comienzan a pensar “¡menuda dureza!” “¡qué locura de trabajo!”, “¿dónde se ha metido mi hija?”.

Sin embargo, en ese momento de debilidad es justo cuando llega el primer sueldo, que supone un subidón importante de adrenalina y motivación para seguir en la carrera de consultor.

Luis Soler Vázquez-Guillén

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