En un artículo anterior resumíamos cinco importantes dilemas del directivo recientemente ascendido a un puesto de liderazgo (1. Ser "el mismo de antes" o "ser otro"; 2. Ser respetado y querido al mismo tiempo; 3. Saber competir, ganar y  perder; 4. Miedo al fracaso, y 5. Miedo al éxito). Estos dilemas y conflictos siempre existen dentro del individuo en estas tesituras, y es engañoso buscar las causas exclusivamente en fuerzas externas. Ellos mismos forman parte del desarrollo emocional de la persona, y tienen sus raíces en los esfuerzos que ésta hace para obtener cierta autonomía y control sobre su ambiente. Para la gestión positiva de estos conflictos, sugerimos las siguientes medidas:

  1. Reconocer y aceptar la diversidad de motivaciones propias y ajenas. Para poder controlar nuestras reacciones, emociones y conductas necesitamos comprender nuestras propias motivaciones y las ajenas. Necesitamos entender y admitir -que no significa compartir- los sentimientos socialmente inaceptables, como la rivalidad, antipatía, rebelión, cólera, desprecio, para conocer mejor nuestra reacción ante determinadas situaciones, con el fin de ganar flexibilidad de pensamiento, sentimiento y acción. Es importante lograr integrar pensamiento, sentimiento y acción para evitar gastos inútiles de energía emocional y pérdidas de rendimiento.
  2. Establecer un sentido de identidad propio. Dirigir eficazmente implica conocerse a sí mismo, la propia identidad, saber quién es uno y quién no es: a qué se está dispuesto a jugar y a qué no. Esto capacita para la libertad de pensamiento y de acción, necesarias para ejercer el liderazgo. Hay que integrar positivamente el propio pasado, aceptarse a sí mismo y desarrollar la propia personalidad y criterio. El proceso de convertirse en líder corre paralelo al de evolucionar y convertirse en persona.
  3. Mantener coherencia en las respuestas. La forma en que uno se muestra y presenta a los demás está íntimamente ligada al sentimiento de identidad. El no mantener un criterio y línea coherente confunde a colegas y subordinados, que esperan y necesitan saber a qué atenerse respecto al comportamiento de jefe.
  4. Ser selectivo en actividades y relaciones. Es aplicar la Ley de Pareto, siendo consciente de que el 20% de sus tareas contribuyen al 80% de su eficacia como líder. Es necesario saber decir "no" sin temor a perder la estima de los demás. Ello implica saber mantener la propia autoestima sin temor a perder el "cariño" y reconocimiento de los demás.
  5. Mantener aplomo y serenidad ante conflictos y confrontaciones: no descomponerse ni perder los papeles. Una de las facetas más interesantes a descubrir en un directivo es tratar de identificar qué situaciones le generan ansiedad y cómo es su forma de reaccionar ante ellas.
  6. Aprender a comunicar. La resolución positiva de cualquier conflicto, interno o externo, depende en gran parte de la capacidad de comunicar que tenemos las personas. Es muy importante hacer conocer a los demás nuestras propias opiniones, actitudes y reacciones, evitando que éstas emerjan en momentos inoportunos o disfuncionales.
  7. Ser muy asertivo y escuchar mucho. Ser asertivo consiste en dejar claro nuestro punto de vista a los demás. Escuchar es autoexplicativo: procura escuchar mucho más que hablar y, cuando hables, no te escuches. Asertividad y alta capacidad de escuchar son las grandes cualidades del gran negociador: fuerte y flexible, manteniendo y sosteniendo su punto de vista y dispuesto a cambiar cuando el argumento del otro le convence.
  8. Aceptar el error propio y el ajeno: en cuanto al error ajeno, entenderlo, no admitirlo, sino tratar de corregirlo. En cuanto al error propio, asumirlo con responsabilidad y sentirse bien al mismo tiempo. Es quizá la principal fuente de aprendizaje y desarrollo. Probablemente la experiencia más importante en la organización y en la vida consiste en entender las debilidades humanas, a las que ninguno somos ajenos.
  9. Actitud abierta, dinámica, creativa y de curiosidad. Es imprescindible para poner en marcha las mejores capacidades propias y de los otros, y obtener lo mejor de ellos. Hay que corregir y reconducir, preguntando algunas veces "por qué" y muchas más "para qué", "cómo lo vas a conseguir" y "con qué objetivo". Para estos menesteres con las personas es necesario dedicar tiempo y ejercitarse en la virtud de la paciencia.
  10. Vivir y actuar dentro de un patrón equilibrado entre acción y descanso. El uso eficaz de nuestra energía, necesario para resistir las presiones de toda tarea de liderazgo, exige alternar entre actitudes activas y pasivas, con fines de mantener un buen balance, estable y sereno, de nuestra persona y cometidos. Es como el ciclo de velar y dormir. Velar es actividad, acción, concentración y atención a los problemas. Dormir es relajo, tranquilidad y olvido de las preocupaciones. Hay que alternar el trabajar y mandar bien con el distraerse y dormir bien.
  11. Asumir la responsabilidad del propio desarrollo como profesional, como líder y como persona. Hay que entender que, dentro de nuestras posibilidades, podemos influir en el contexto y que los acontecimientos que nos suceden o vivimos no son ajenos a nuestras propias intenciones. Todo lo contrario a un sentimiento de inercia, determinismo o pasividad.
  12. Finalmente, asumir que vivimos en un mundo de interdependencias, de influir y ser influidos, frente a una dependencia o una independencia totales.
José Medina

Publicaciones

Insight

Consejos de carrera para llegar al Comité de Dirección

No importa lo joven que seas ni lo lejos que estés del Comité de Dirección, estas 8 simples regla...

Insight

El escenario de 2020...

...se regirá por una constante incertidumbre y cambios organizativos y tecnológicos. Serán necesa...

Insight

The pursuit of happiness

What motivates top executives around the world?