La incorporación de la mujer a los consejos de administración en España se asemeja al movimiento de un glaciar: lento hasta lo imperceptible, frío, y sólo allá, y por tierras lejanas. Al mismo tiempo, continuo, progresivo e irreversible. Algo parecido ocurrió en las últimas décadas, con el acceso de la mujer a puestos gerenciales y de dirección general, aunque en la actualidad ya se note menos.

Una característica de las organizaciones será la presencia creciente de la mujer en órganos de alta dirección y en consejos. El impacto de este fenómeno en otros ámbitos e instituciones políticas, económicas y sociales está todavía en sus albores.

La actual búsqueda de consejeros en España nos recuerda a la Edad Antigua de la búsqueda de directivos allá por los ochenta, cuando el colectivo de potenciales candidatos se limitaba a tres o cuatro docenas de celebridades, que saltaban de unas empresas a otras, dentro de una exploración bastante somera y con escaso conocimiento de otros potenciales candidatos de auténtica valía. El acceso a estos últimos era más complicado y laborioso, pues no solían figurar en la rutinaria base de datos al uso. En general, eran mucho más interesantes que los candidatos estrella o pesos pesados obvios.

Algo parecido ocurre en la actualidad con la mujer, y con el hombre, respecto a candidaturas no obvias a puestos de consejeros. Suelen ser tanto o más interesantes que las conocidas celebridades, pero su identificación es más laboriosa. En el caso de la mujer, es, sin duda, errónea la conclusión de que su escasa presencia en puestos directivos y, desde luego, en consejos, se deba a una escasez de candidaturas femeninas. Lo que hay que hacer es buscarlas adecuadamente y no remitirse tan sólo a las candidaturas oficiales sugeridas, cuando no prescritas por el cliente, dentro de una panoplia cerrada.

El desarrollo de la diversidad en las organizaciones no consiste tanto en programas de acción social corporativa o de integración de minorías, como en la aplicación de criterios de eficacia de funcionamiento y de adaptación a la realidad del mundo en que se desenvuelve la empresa. Tampoco se trata solamente de cumplir códigos de buen gobierno y de transparencia en la gestión, que, por otra parte, salta a la vista que buena falta hacen. La diversidad, y dentro de ella, la presencia de mujeres tanto en consejos como en comités de dirección coincide con las empresas mejor gestionadas, con mejor imagen y más apreciadas por sus clientes, dentro de los que denominamos países de mayor desarrollo económico y social. En España, donde el camino por andar es todavía largo, más del 90% de los consejeros son elegidos a propuesta o por designación del presidente, sin una clara descripción de cometido y dentro de un círculo bastante cerrado de candidatos.

Las organizaciones del siglo XXI son cada vez más abiertas, planas, flexibles y diversas, para responder a las demandas de un mundo globalizado, complejo y cambiante.

Para puestos de dirección y en consejos, estas organizaciones necesitan cada vez más profesionales de calidad, bien formados, hábiles y flexibles que puedan desarrollar varios cometidos y funciones; más preocupados por que las cosas funcionen y salgan adelante que por el título de su tarjeta de visita; más interesados en persuadir e influir que en su estatus o poder formal. Personas con sentido común, que valoren intuición y olfato tanto como el análisis y la racionalidad; fuertes y perseverantes, pero también sensibles; orientadas a objetivos y comprometidas con ellos, pero al mismo tiempo afables y con mano izquierda.

Son precisamente las mujeres quienes con más frecuencia responden a estas características. También los hombres las poseen, pero tanto en el trabajo como en el hogar han estado condicionados a insistir en la autoridad formal, en la fuerza, racionalidad y poca tolerancia a lo ambiguo. Han respondido a las expectativas de la cultura de la competitividad y del éxito profesional dentro de un corsé etiquetado de masculino.

Ha quedado para la mujer el conseguir que las cosas funcionen con o sin autoridad formal, así como desarrollar habilidades de mediación, negociación, cooperación y compromiso, así como reconocimiento de necesidades de otros, expresión de emociones, etc. Paradójicamente, las mujeres se adaptan mejor al caos y a la confusión que genera el cambio continuo, y sus necesidades de control son menores que las de los hombres. No todas las mujeres hacen estas cosas bien. Pero los hombres han desarrollado poca experiencia en ellas.

El liderazgo de las organizaciones demandará de forma progresiva capacidades comúnmente más asociadas a las mujeres.

La Ley de Igualdad, recientemente aprobada en el Congreso, con sus virtudes, defectos y necesarios retoques, será beneficiosa en España, como lo ha sido ya en otros países. Contribuirá a mejorar los criterios de selección de consejeros y a que los consejos sean más diversos, ricos y eficaces. La presencia actual de profesionales capacitados para el desempeño de su misión en instituciones europeas no se podría entender ni habría sido posible sin la asignación proporcional de representantes por país. Igual irá aconteciendo en España, de forma progresiva, con una creciente presencia y participación femeninas en los consejos de administración.

Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, aunque, a veces, perpleja y asombrada.

José Medina

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