Recientemente en Madrid asistí con mi mujer a la inauguración de una tienda vanguardista, insignia de una importante multinacional de electrónica de consumo. A veces pienso que se llama de consumo porque poco a poco nos va consumiendo a todos. Efectivamente, mi mujer quedó al poco absolutamente prendada por una fascinante cámara fotográfica, ligera, electrónica, digital, en fin, una pequeña maravilla. Como se acercaba San Valentín, decidió, sin más, regalármela. Acepté gustoso, disimulando mi escaso interés y entendiendo su pasión irresistible por el prodigioso ingenio. En correspondencia, para manifestarle mi amor en tan entrañable fecha, yo le regalaría media docena de calcetines para caballero, de los que ella estaba bastante necesitada.

Gentilmente nos invitaron a visitar la sala de televisión en 3D. Yo quedé maravillado, metido en un partido de fútbol, donde casi jugué de portero. Mi mujer, poco deportista, se mareó viendo una carrera de coches donde debió pensar que conducía uno de los bólidos. Naturalmente, el lanzamiento de estos televisores está previsto para junio de 2010, justo antes de los mundiales de Sudáfrica. El éxito está garantizado.

Recordé que pocos días antes había entrevistado a un curioso candidato para la búsqueda de una dirección de I+D+i en una empresa de electrónica. Más que un directivo, parecía una especie de sabio distraído. Por su vestimenta debo reconocer que, a primera vista, me pareció más bien un mensajero o un repartidor de pizzas, con todo el respeto a los gremios. Preparado para la entrevista, iba con corbata, pero llevaba el nudo más cerca del cogote que de la garganta. Creo, sin embargo, que ha sido uno de los personajes más perspicaces y lúcidos con los que en mi experiencia me ha tropezado.

El título del artículo es frase suya: "La I+D está en la calle. Hay que partir de que, tecnológicamente, todo es posible. Lo que hay que investigar es qué productos pueden atraer a las personas, y por qué servicios están dispuestos a pagar y que resulten rentables. Vivimos en un mundo en el que lo virtual y lo real ya no están separados, sino integrados uno en el otro, formando parte de lo mismo. Antes eran dos mundos distintos, y ahora son uno solo". Así se resumía su visión, a lo largo de una conversación larga e interesante.

Saltando de la electrónica de consumo a todos los ámbitos del mundo de la empresa, creo que uno de los principales retos a los que se enfrenta el directivo o máximo responsable de una organización es el de la creciente hibridación del mundo virtual y del real. De la misma forma que el ordenador en la empresa ha pasado a ser una máquina calculadora y procesadora a formar parte de su sistema nervioso y de información, la franja de separación entre lo virtual y lo real se ha ido estrechando y desapareciendo, hasta interpenetrarse ambas y mezclarse, como el café con la leche, para formar parte de una misma realidad nueva.

No es fácil de entender por completo todo esto, como no lo es la aparición incipiente de cualquier nuevo fenómeno u orden de cosas. Al principio no se percibe, y cuando se empieza a notar se cree que el crecimiento y desarrollo del proceso es lineal, porque los primeros indicios son pequeños. Pero el crecimiento no es lineal, sino geométrico: a los dos o tres años no es dos o tres unidades más grande, sino dos o tres veces mayor, y así sucesivamente. Casi nunca nos damos cuenta del momento en que se empieza a formar la ola, sino cuándo ésta rompe o está a punto de romper.

Fenómenos emergentes en crecimiento, como la virtualización del hardware, cloud computing y otras nuevas tecnologías, son muestras claras de la progresiva integración entre lo virtual y lo real.

Creo que todavía somos apenas conocedores de este nuevo mundo y que hoy día tenemos todavía escasa sensibilidad de lo que en él está ocurriendo. Necesitamos una mayor intuición y antropología del mercado, más allá del marketing de datos duros y evidentes. Parte importante de nuestra realidad se está gestionando en este mundo que todavía seguimos llamando virtual y que ya forma parte de nuestra vida real. Es muy importante el conocimiento de estos incipientes ecosistemas de demanda, así denominados por los expertos.

Total, que, como decía nuestro entrañable candidato, mi mujer y yo hemos contribuido a demostrar que la I+D+i está en la calle. No habíamos pensado antes ni en la tele en 3D ni en la maravillosa cámara digital, pero salimos encantados, cada uno con lo suyo. Como yo no podré regalarle a ella la tela hasta junio, le compro mientras tanto los calcetines. No provienen del mundo virtual, pero han sido generados por él, y también forman parte, como todos nosotros, del ecosistema de demanda.

José Medina

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