Al viejo dilema (o pequeño sofisma) de si el líder nace o se hace, se puede responder que ninguna de las alternativas, por sí sola, es cierta. Ambas, aunque cada una insuficiente, son parte de la verdad.  Más que nacer o hacerse, quizás la palabra adecuada es que el líder se forja, se va forjando, como el hierro en la fragua, donde adquiere forma, temple y auténtico carácter.

Recientemente, un gran directivo cuya trayectoria es de claro éxito, nos describía su carrera intersectorial como principal fuente de desarrollo, madurez profesional y consolidación de su experiencia como CEO en su actual organización, que no necesariamente será la última.

Sin pretender que su carrera fuera un ejemplo a imitar, y admitiendo que la forja de un líder puede seguir muchos y diferentes caminos, él había vivido intensamente y de forma muy enriquecedora su experiencia de más de 30 años (empezó a trabajar muy joven) en cinco empresas, cinco sectores diferentes, doce puestos directivos y en seis ciudades distintas, tanto de España como de otros países.

El primer cambio de sector tuvo lugar en su carrera por casualidad. Así descubrió algo que fue para él una gran fuente de aprendizaje y de nuevas experiencias. Por tanto, decidió prestar atención a que futuros posibles cambios implicaran también un nuevo sector o industria.

Sectores diferentes, elementos comunes

Así fue descubriendo, en sectores muy diferentes, los elementos esenciales y comunes a todos ellos en que se centraba y consistía su gestión: cambiar procesos, estructuras y sistemas; cambiar y desarrollar equipos; cambiar hábitos y cultura; conseguir resultados extraordinarios, con independencia del punto de partida; y, subjetivamente, una sensación de pérdida de tiempo, de repetir experiencias y de “volver atrás” en cada caso, sobre todo en los primeros cambios.

Pruebas de fuego en la forja

Un cambio de sector implica superar algunas pruebas en caliente: La primera, un baño de humildad. Tienes que probar desde cero tu valía. Importa poco lo que hayas hecho antes: “No eres nadie”. Eres además cuestionado por venir de otro sector. La mera mención a tu anterior empresa o experiencia es percibida negativamente. La segunda, un esfuerzo intelectual adicional. Además de enfrentarte a una nueva empresa (personas, cultura, etc.) es también una nueva industria o sector (procesos, cuenta de resultados, competidores, distribución, mercado...). La tercera, un entorno nuevo y desconocido. “Miedo al fracaso, a pesar de sentirte seguro de estar haciendo lo que hay que hacer”. Y, finalmente, ese nuevo sector y entorno cansa, fatiga y desgasta mucho más, hasta llegar a conocerlo y dominarlo.

Las recompensas

Aunque la inversión y esfuerzo humanos son muchos, los dividendos son grandes:

A. COMO DIRECTIVO: Todo es nuevo. Todo se puede aprender y comenzar a construir. Todo es más divertido. Te desarrollas aún más y más rápidamente. Amplías tu horizonte gerencial: nuevos mercados, empresas...Validas tus experiencias y las perfeccionas. Al mismo tiempo, te vas sintiendo mucho más seguro como directivo. También valoras otras cosas, más allá del objetivo a corto plazo: personas, procesos, sistemas, clientes, “partners”, etc.

B. COMO PERSONA: Aprendes a apreciar diferentes entornos, situaciones y personas con una perspectiva mucho más rica. También te haces más paciente y comprensivo (no laxo) con los errores de los demás. Aprendes a hacer más cosas a través de las personas. Sientes que te hallas algo más cerca de lo objetivo y de la “verdad”.

C. PARA LA EMPRESA: Llegas “limpio”, sin ideas preconcebidas respecto a la empresa: Es como si empezaras tu primer trabajo como directivo, pero con años de experiencia. Es también mucho más fácil romper el paradigma o “status quo” vigente para poder promover el cambio. Siempre es posible cambiar a mejor. Asimismo, el aprendizaje es mutuo. Aprendes mucho más de los otros y ellos de ti. La empresa tiene más posibilidades de ser empresa de éxito.

Resumiendo, la carrera intersectorial supone para el profesional trabajar y aprender muchísimo más, desarrollando nuevas e intensas capacidades técnicas y, sobre todo, directivas, humanas y de liderazgo. Igualmente, para la empresa supone un enriquecimiento de perspectivas, nuevos paradigmas y enfoques de negocio hacia una mayor eficacia organizativa.

En esta gran carrera que es la vida, las encrucijadas y crisis que nos llegan, sin que podamos elegir el momento ni el lugar en que las enfrentamos, son crisoles donde brotan  nuestras mejores capacidades y el oro que llevamos dentro de nosotros.

De igual manera, tanto para el directivo como para el consultor de búsqueda, el trabajo en diferentes sectores, que sí se puede elegir, constituye una auténtica fragua donde se forja y se templa el metal de nuestra experiencia, para contribuir al liderazgo y eficacia de las organizaciones en que trabajamos y para nuestro desarrollo como profesionales y como personas.

José Medina

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