Dos grandes profesionales, candidatos ganadores en pasadas búsquedas, tuvieron hace tiempo sendos traspiés en su carrera. Ambos quedaron en desempleo por razones muy ajenas a su excelente trayectoria profesional. El despido de uno fue, por cierto, tan duro como inesperado. En los dos casos la generosa compensación económica no saldó ni deuda emocional ni heridas del espíritu.

Traté lógicamente de contar con ellos para otras búsquedas. La respuesta de ambos fue que habían iniciado un nuevo proyecto personal y profesional por su cuenta, en el que iban a ser su propio empleador y jefe. En esto se concentraban, prefiriendo no distraerse con nuevas opciones de trabajo por cuenta ajena.

Me sorprendió especialmente la decisión emprendedora en uno de ellos: “No te imaginaba con el coraje de instalarte por tu cuenta”. “Coraje, no sé. Pero estoy vacunado de dificultades. Difícilmente me irá mal. El riesgo de este proyecto va a ser un disfrute. La única forma en que ahora entiendo la empleabilidad es la de sentirme libre e independiente. Sé que la empresa no garantiza el empleo. Pero algo distinto es verte en la calle en un solo día: “Recoge tus cosas y no vuelvas mañana”. A partir de ahora las empresas serán mis clientes, no mi empleador”.

Sin duda las crisis nos empujan a salir de la “caja” en que vivimos para poderla rediseñar y no quedar prisioneros en ella. Sólo abordamos el auténtico cambio cuando sentimos que la tierra tiembla bajo nuestros pies, y es más peligroso quedarnos quietos dentro que saltar fuera. Casi nunca cambiamos hasta que tocamos fondo. Es entonces cuando el bosque también es camino.

El autoempleo o la propia empresa son excelentes opciones de carrera, sin necesidad de pasar por duras experiencias. Conllevan una importante decisión a evaluar, asumir y sostener, en la que al final las ventajas suelen compensar el coste. Se gana autonomía e independencia a cambio de una aparente menor seguridad y mayor riesgo.

Optar por la propia empresa implica construir un pentágono de cinco fuerzas que han de estar permanentemente presentes en el proceso de cambio y al andar el camino. Todas juntas forman una fortaleza inexpugnable. Y alineadas, avanzan imparables como un rayo láser, concentrando toda su energía. Todas comienzan por C:

  • Coraje: Valentía, superar miedo y barreras psicológicas.
  • Confianza: Creer en el proyecto y en uno mismo.
  • Compromiso: Implicarse y jugársela. Quemar las naves. No hay retorno.
  • Convicción: “Este partido lo vamos a ganar”. Resiliencia.
  • Constancia: Perseverar hasta el éxito.

Nueve satisfacciones

El autoempleo o propia empresa pueden proporcionar:

  1. Más aprendizaje, diversión y desarrollo profesional. El trabajar con diferentes clientes aporta una mayor perspectiva de conocimientos y experiencia. Nunca hay dos clientes, proyectos o experiencias iguales.
  2. Más trabajo, pero por opción propia. No estamos hablando de experiencias acomodaticias. Hablamos de trabajar intensamente en lo que a uno le gusta, le apasiona, y en lo que se siente competente y realizado.
  3. Propio jefe, propia empresa. Al menos, en parte. Los jefes serán los clientes, de todo tipo: buenos, difíciles o complicados. Estarán más distribuidos.
  4. Honorarios, no salario. Se cobran honorarios por el servicio que se presta, no salario por el que se vende el trabajo. El salario que aquí se obtiene es el emocional, que consiste en el aprovechamiento de nuestras mejores capacidades. También, con trabajo, se puede ganar bastante más de lo esperado.
  5. Mayor control de carrera, futuro y vida. Los “tsunamis” inesperados o impredecibles siempre podrán venir, pero en algunas áreas serán menores las sorpresas. En la carrera hay que ocupar el asiento del conductor.
  6. Mayor autonomía e independencia. Aunque uno se debe “en cuerpo y alma” a los clientes, con estos hay una relación profesional más abierta y de menor dependencia que al trabajar por cuenta ajena.
  7. Empresa de dimensiones humanas. Siendo pequeña también puede estar ligada al mundo mediante una red internacional. Hablamos de empresas del siglo XXI, no de pirámides jerárquicas del XIX.
  8. En su día, si quieres, te retiras; no “te retiran”. Es muy distinto. Las jubilaciones y prejubilaciones suelen ser forzadas y casi nunca percibidas con equidad, por mucho que compense el dinero. Dejan veinte o treinta años de vida abierta por delante, en los que hay mucho que hacer, aparte de mejorar el hándicap. Personalmente, creo poco en el retiro como tal, y siempre lo he visto como una rendición ante la vida.
  9. Vida personal y profesional más felices y equilibradas si se es razonablemente lúcido. Ganar dinero es necesario, pero sólo un indicador del éxito. Entrar en una interminable carrera competitiva es la trampa en que podemos caer. El dinero es sólo un medio para alcanzar otras cosas más importantes en la vida. La riqueza personal no debe medirse por lo que tenemos, sino por lo que podemos hacer.

Al final, eso que llamamos felicidad consiste más en tener algo que hacer, algo en lo que tener esperanza y otros a quien amar. Todo ello dentro de una vida en la que sintamos que gozamos de libertad para manejar razonablemente nuestro destino.

José Medina

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