Entre muchas otras, una de las pistas para identificar el liderazgo en un directivo consiste en pedirle que describa algunas situaciones realmente difíciles en su carrera en las que de veras se vio "contra las cuerdas", cómo actuó y cuál fue el desenlace. En blanco sobre negro, los buenos directivos describen auténticas situaciones en toda su riqueza de matices, como un cuadro al óleo pintado a golpe de pincel y paleta. Por el contrario, los directivos medianos generalizan, difuminan y pintan el cuadro al pastel o a la acuarela.

Las esencias y cualidades más exquisitas de un líder brotan en altorrelieve especialmente en las situaciones difíciles, en las que disponen de escaso poder. Es cuando saben jugar eficazmente los naipes y los pocos triunfos de que disponen sobre el tapete, sacando el mejor partido posible a la situación y manteniendo el tipo con aplomo y serenidad.

Por el contrario, los "líderes" mediocres, ante situaciones equivalentes, se bloquean o descomponen, desaprovechando las pocas cartas y bazas buenas que tienen en sus manos. El "Anábasis" o "La retirada de los diez mil" de Jenofonte, es, a mi juicio, el paradigma más asombroso de liderazgo excelente en situación límite de extremas dificultades. Es prodigiosa la epopeya y el camino que en el año 401 a.C. tuvieron que recorrer los griegos, desde Persia hasta las costas del Mar Negro, hostigados por el enemigo -de 12.000 volvieron 8.500 (un año y tres meses después)- hasta que alcanzaron el tálassos o mar, que era su meta buscada.

¿Cuál es la antítesis del liderazgo de Jenofonte? El líder que, en situación de dificultad, no está a la altura de las circunstancias muestra, al menos, tres patrones de conducta bien concretos:

  1. Bloqueo y conflictos entre pensamiento y acción: entre toma de decisiones y aceptación y ejecución de las mismas. El líder salta de un estilo participativo a uno autoritario, y viceversa, sin mostrar un patrón de comportamiento consistente, generando inseguridad y falta de confianza entre los subordinados.
  2. Posiciones ambiguas ante situaciones que exigen respuestas claras y concretas. Está relacionado con el anterior. Las idas y vueltas entre liderazgo participativo y autoritario pasan a triángulo, con un tercer vértice de liderazgo "blando" o laissez faire.
  3. Hiperactividad compulsiva. El líder salta de un objetivo o proyecto a otro, sin acabar ni rematar ninguno. Inconscientemente, como posible presa de caza, se mantiene en continuo movimiento, para no ser blanco fácilmente alcanzable.

Las raíces y motivos de estas conductas varían en cada caso, y residen en la persona, en su historia y carácter.

Si en el liderazgo de Jenofonte se libera una energía creadora y productiva que culmina en resultados excelentes, a la inversa, su antítesis o antiliderazgo, supone un dramático desgaste emocional en el líder y seguidores, más allá del fracaso de la misión o proyecto.

Si se desea malvadamente destruir a una persona, nada hay más cruel y eficaz que situarla en cometidos muy por encina de sus capacidades.

José Medina

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