Una excelente ejecutiva me hablaba recientemente de las dificultades que tenía con su jefe, sobre todo por el excesivo micromanagement: "Parecía al principio como si delegara mucho, pero con el tiempo te das cuenta de que todo lo controla al mínimo detalle, duplicando el trabajo con cada miembro del equipo. Empieza muchas cosas antes de acabar otras, que a veces abandona. Salta de una a otra, en vez de sentarse a pensar un poco en organizar el trabajo y delegar como Dios manda. Como tiene cierta confianza conmigo, el otro día me dijo que estaba muy preocupado con sus dos hijos pequeños, que eran hiperactivos y los estaba tratando un psicólogo".

La hiperactividad no sólo se da en los niños, sino también en los adultos, en todas sus actividades y, entre ellas, en su comportamiento directivo. Micromanagement, supervisión excesiva, improvisaciones, freno de un tema y arranque de otro, demora de lo importante, son síntomas de la conducta hiperactiva. El desorden que genera el directivo hiperactivo es manifestación externa de su escasa organización. Renuncia a su cometido principal como jefe, que es organizar su trabajo y el de los miembros de su equipo. Incapaz de desarrollar un Manual de Instrucciones para los demás, necesita ayuda para diseñar el suyo. Ni es ésta una tarea fácil ni él percibe la necesidad. Pero corrigiendo su hiperactividad podría ayudar a sus colaboradores y también ahorrarse el coste del psicólogo que trata a sus dos niños hiperactivos.

José Medina

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