La presidenta de una importante multinacional, madre de familia y profesional con excelente trayectoria de éxito, me comentaba su suerte por haber integrado bien sus tareas de ama de casa, esposa, madre y profesional con altas responsabilidades. Menuda y aparentemente frágil, era una persona fuerte, perseverante, corredora de fondo y difícil de doblegar a la primera...

Como tantos otros grandes directivos, hablaba de sus excelentes capacidades con sencillez, inocencia y modestia. La comenté que, unos tres millones de años atrás, ella hubiera sido una Australopitecus perfecta, ahora evolucionada a Mulier Sapiens. Midiendo apenas un metro y medio y pesando 50 kilos, sobrevivió, evolucionó y dominó a las demás especies. Podía andar erguida y ver lo que ocurría en el horizonte con las manos libres. Recorría grandes distancias buscando alimentos y transportando a su cría en brazos. Su capacidad de andar mucho significó perdurar. Su heredero, el Neanderthal, poseía cierto lenguaje y fonética limitados. Cazador solitario, con 90 kilos de músculo, no cazaba bien en equipo ni supo innovar sus instrumentos ante el cambio de clima, paisaje y animales de mayor tamaño. Más que a una lucha abierta con el Homo Sapiens (con quien convivió sus últimos 5.000 años), la extinción del Neanderthal se debió a su inadaptación al nuevo ambiente.

El Homo Sapiens, análogo al hombre actual, era más esbelto y alto, menos musculoso, con aparato fonador y lóbulo frontal más desarrollados, ambos más aptos para un lenguaje más complejo y pensamiento simbólico, con una estructura social capaz de generar conocimiento e innovar.

Mi apreciada colega y yo quisimos explorar algunas analogías entre las capacidades del Homo Sapiens paleolítico y las de la mujer y su liderazgo en el siglo XXI dentro del mundo de las organizaciones:

  • Fuerza física sustituida por inteligencia.
  • Talento individual por talento grupal: de "Llanero Solitario" a Patrulla del Séptimo de Caballería.
  • De lenguaje rudimentario y elemental a pensamiento simbólico, comunicación e innovación.
  • De ausencia de Neotenia (permanencia de características juveniles en el adulto) en Neanderthales a presencia de la misma en Homo Sapiens.
  • De inadaptación al cambio a capacidad de evolucionar.
  • De "inteligencia mecánica" a "Inteligencia Emocional".

Del Paleolítico al siglo XXI las necesidades de adaptación no parecen haber cambiado mucho. El entorno exigía entonces capacidades para las que el Homo Sapiens estaba mejor equipado que el Neanderthal. Hoy día, para funcionar eficazmente, las organizaciones demandan capacidades culturalmente más atribuidas a las mujeres. No todas las tienen, y sí, algunos, bastantes hombres, aunque estamos menos entrenados en ellas.

Homo Sapiens en el Paleolítico y Mulier Sapiens en el sigo XXI supieron responder eficazmente a las demandas de su entorno. Si algunos temen seguir el destino de los Neanderthales, no se inquieten. Hay espacio para todos. El marido de mi amiga podría ser uno de ellos y es feliz, en armonía con su mujer, familia y vida.

José Medina

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