Estamos acostumbrados a cargar las pilas en vacaciones después de meses de trabajo complicados y tediosos, cargamos el depósito de gasolina para ir todos los días a la oficina, nos cargamos de proteínas en los almuerzos, pero llevamos años con una gran preocupación a cuestas: cargar el móvil y convivir el máximo tiempo posible con él sin perder la calma.

Todos hemos vivido en nuestro día-a-día escenas insólitas relacionadas con este fenómeno: gente desesperada que entra en bares en busca de un enchufe salvador; en el aeropuerto, personas que se arrastran por el suelo buscando corriente en esos cajetines ocultos detrás de las tarimas; o, en el clásico vagón de tren contiguo a la cafetería, aparatos en cola esperando a ser alimentados. En definitiva, hemos pasado de escenas donde la gente pedía tabaco o fuego a solicitar, como si de la vida se tratara, ¡cargadores! ¿Qué nos está ocurriendo? Cada día que pasa ganamos en dependencia del Smartphone, y éste no hace más que agotarse constantemente.

A favor de los nuevos aplicativos hay que decir que usamos su correo constantemente, convirtiendo al email en un canal oficial y eficiente; hacemos fotos de documentos y los enviamos para agilizar la lectura o la transcripción; utilizamos canales gratuitos para conversaciones más informales, que generan un aumento importante de la comunicación en nuestras empresas; miramos en las aplicaciones de ubicación la localización de un cliente, podemos ver la televisión en directo o escuchar la radio nacional en cualquier parte de mundo, etcétera. Pero cuando nos quedamos sin batería perdemos la calma, y la tensión aumenta: "¡con lo bien que vivíamos antes!", pensamos muchas veces.

Está claro que nos han cambiado los hábitos y como en todo proceso de transformación necesitamos aclimatarnos y adaptarnos rápidamente a la nueva tecnología. Aquí van seis escenarios distintos, y sus correspondientes "trucos" para ser un directivo eficiente con el Smartphone:

  • Síndrome 'Rambo'. Ármate de cargadores en sitios clave: maleta del PC, maleta de viaje, americana/bolso, cajón de la oficina, etcétera. En cualquier momento los necesitarás. No subestimes este exceso de armamento, sin darte cuenta irás adquiriendo todas las variantes anteriores cuando surjan los problemas y empieces a tener los primeros síntomas del smart stress.
  • Síndrome 'Mickey Mouse'. Olfatea todos los entresijos y agujeros del aeropuerto, estaciones de tren, cafeterías, y demás sitios que suelas frecuentar para saber detrás de qué esquina están escondidos los enchufes. Ubica el queso salvador y carga constantemente aunque estés a un porcentaje de batería cómodo.
  • Síndrome 'Dosificación'. Estudia a fondo las debilidades del "aparato", acude a las tiendas oficiales a oír consejos, navega en las redes sociales para aprender qué consume en exceso. Apaga ciertas aplicaciones, reduce el brillo a la pantalla, no incorpores el concepto de ubicación a la hora de realizar descargas de aplicaciones y un sinfín de detalles más que pueden dosificar la batería en ocasiones complicadas. Es clave dejar los últimos latidos de la batería para una llamada importante de un colaborador o cliente.
  • Síndrome 'Peter Pan'. Desde que lo táctil aterrizó para triunfar, todos hemos querido volver a la infancia. Hemos ido observando cómo nuestros dedos son cada vez más grandes, gorditos y poco finos. La gestión de estas extremidades se ha vuelto clave a la hora de teclear rápidamente un mensaje o un correo electrónico. Evita la perfección en la escritura, utiliza el corrector lo máximo que puedas y no pierdas la calma ni con tus dedos ni con el corrector.
  • Síndrome 'Hambre'. No te comas las uñas cuando estés a punto de quedarte sin batería, ni tampoco te comas la manzana americana o al pajarillo piador coreano entre otros. Grita interiormente, pero muestra calma y ten preparado un “plan b” para cuando esto suceda: vida reflexiva, pensamientos de medio plazo y vuelta al papel y bolígrafo de toda la vida.
  • Síndrome 'Dance'. Evita la música estridente y que te posiciona a nivel político, deportivo u otro tipo donde no ganes más que llamar la atención. Y ya no sólo pensando en ti, sino en el impacto negativo y el ruido que a veces supone escuchar la danza de otros.

Y por último, permanece vigilante para no caer en todo lo anterior y sufrir el Síndrome 'Panes y peces', es decir, un móvil corporativo, un móvil personal, un móvil para viajes internacionales, una tableta y un ordenador portátil. Si te ocurre esto, ¡ríndete! No ganarás jamás, la tecnología ha venido para quedarse y derrotarnos. Lo mejor es claudicar ante su poder y tener presentes los mencionados síndromes. Es la mejor forma de no caer víctima del smart stress.

Luis Soler Vázquez-Guillén

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