Recuerdo la frase de Per Berndtson, fundador de nuestro Grupo, allá en tiempos difíciles del ´92 y del 2001: “Las etapas de crisis en el mundo de las organizaciones siempre muestran alguna faceta positiva. Sirven al menos para diferenciar entre buenos y malos directivos y buenos y malos servicios”. Si ahora viviera, y vaya esto en su recuerdo, volvería a decir lo mismo. Crisis tiene la misma raíz que criterio, y criterio, en griego, significa cedazo: separar una cosa de otra: lo adecuado de lo inadecuado, lo que sirve de lo que no.

Las crisis nos ponen a prueba y son ocasión para que broten en altorrelieve nuestros mejores recursos y capacidades, haciéndonos más fuertes. Séneca decía hace dos mil años que en los mismos mares y tempestades unos naufragan y otros navegan sobre las olas. Además, no mueren todos los que naufragan. Aunque maltrechos, muchos sobreviven a la tempestad, aprenden y se fortalecen. Así debe ser, pues nuestro paisano cordobés dice haber sido náufrago antes que navegante. Mantengan, pues, firme la esperanza y sigan remando quienes más afectados por la crisis se sientan. Terminarán aprendiendo a ser auténticos navegantes.

He aquí algunos “tónicos” del espíritu, tanto racionales como emocionales, para, de nuevo emulando a Séneca, saber tensar, ajustar y aguantar las velas, seguir nuestro rumbo convencidos y navegar con optimismo y valentía, hasta llegar al puerto de destino.

1.  No entres en pánico. Que no cunda el pánico. Quien actúa movido por el miedo termina encontrando aquello de lo que huye, que es su perdición. Edipo terminó por matar a su padre y casarse con su madre precisamente por tratar de huir de la profecía que le obsesionaba.

2.  Usa todo tu aplomo, serenidad y reflexión. Que no te puedan los acontecimientos. Procura distanciarte de ellos. Hay muchas otras cosas en la vida más importantes que lo que te agobia ahora. Pon tus problemas en el contexto adecuado y verás que no son tan grandes. El “caganet” en los belenes de Cataluña es sólo una figura curiosa dentro del nacimiento, no el protagonista.

3.  No sigas la ley del mínimo esfuerzo. No imites necesariamente lo que hacen los demás, presionados y empujados por las circunstancias. Como en el ajedrez, no copies la jugada del otro, porque así vas a perder. Juega y sigue tu partida. Al final la vas a ganar.

4.  Trabaja más duro. Trabaja el doble para ganar lo mismo. Trabaja más que tus colegas y competidores para obtener la parte de la tarta que ellos son incapaces de lograr. Procura, como buen profesional, jugar bien el partido, sin estar obsesionado y pendiente del marcador, como los deportistas mediocres.

5.  Apuesta por el talento, por el medio y largo plazo. No te obsesiones por la cuenta de resultados a corto plazo, por políticas de denominador o por despedir con meros criterios de coste. Aguanta y apuesta por los mejores y por su talento. Todo lo difícil pasa con el tiempo.

6.  Mantén tus honorarios. Lleva la negociación con tus clientes al terreno de la calidad. Diferénciate en ella y no en ser más barato. Recuérdales que la calidad permanece y el precio se olvida. Sé flexible con ellos si están en apuros y hazles un descuento si procede, como signo de afecto y atención.

7.  Haz promoción con tus mejores clientes. La mejor y más eficaz empieza con ellos. Te responderán por la calidad que les has dado. Parte de tu caja la harás con ellos. No te fallarán si no les has fallado.

8.  Usa todo tu “network” y red de contactos. Aprovecha todas las vías posibles. Al desarrollo de negocio llámalo buscar trabajo. No descartes proyectos con menor “glamour”. Lucha por el caviar y también por el pan de tu empresa. Ambos van a la cuenta de resultados.

9.  Sé valiente y optimista. Confía en tu trabajo, en el éxito y, sobre todo, en ti mismo y en tu gente. No seas Sor Angustias ni Sor Suspiros, sino Sor Intrépida. Como decía Henry Ford, si crees que tendrás éxito o que fracasarás, siempre vas a acertar. Ningún pesimista o cobarde hace nada importante.

10. Transmite y contagia tu optimismo. Los demás lo están deseando y lo esperan de ti. Abre y marca el camino con tu ejemplo. Siembra tu grano de trigo y transfórmalo en un campo de espigas. Todos te lo agradecerán.

11. Practica y entrena las cinco “C”. Confianza: creer en el proyecto y en ti mismo. Coraje: valentía, superar miedos y barreras. Compromiso: implicarse y jugar todas las cartas. No hay retorno. Convicción: “Este partido lo vamos a ganar”. Constancia: Perseverar hasta el éxito, resiliencia.

12. Recuerda las tres reglas infalibles para el éxito. Primera, madruga. Segunda, trabaja duro. Tercera, ¡encuentra petróleo! No te rías. Si te concentras en las dos primeras lograrás la tercera.

Finalmente, actúa como Ulises en la Odisea durante la tempestad, cuando se dirige a sus camaradas: “Rema fuerte conmigo, valiente compañero. El viento que azota nuestro rostro es el mismo que impulsa nuestras velas hacia Ítaca. La lluvia que se clava en nuestro cuerpo, cual dardos afilados, es la misma que gozábamos en las cálidas arenas de las playas. Rema fuerte. Si flaquean las fuerzas que en nuestra juventud movían los cielos y la tierra, serán nuestros heroicos corazones quienes nos lleven hasta Ítaca la grande”.

Ulises no sólo navegó con optimismo, valentía y esperanza, sino que también logró llegar a Ítaca. Es lo que tenemos que hacer a lo largo de las tempestades.

José Medina

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