“Siempre he planificado mi carrera. Me planteé que, antes de los 35, debería ser Director de Marketing y, antes de los 40, Director de una División en mi empresa o Director General de otra empresa más pequeña. ¿Te parece adecuado mi planteamiento? Un colega tuyo me dijo que sí, que en la carrera hay que marcarse etapas y cumplirlas. Me gustaría conocer tu opinión.” Así nos hablaba un joven Director de División, candidato en una búsqueda reciente.

Le contesté que su planteamiento me parecía certero, pues hasta entonces le había funcionado.

- “¿Has hecho también tú lo mismo, planificando tu carrera?”, me preguntó.

- “En absoluto. Casi nunca tuve claro lo que iba a estar haciendo a 3-5 años vista. He cambiado bastante, no tanto de empresa, pero sí de actividad, a veces sin saber dónde iba a estar en el futuro. Últimamente no es fácil que cambie a algo nuevo, aunque no lo descarto”.

- “Entonces, ¿no estás de acuerdo con mi esquema?”

- “No, no. Creo que valen diferentes planteamientos. El tuyo ha sido útil para ti, y estás contento con él, y el mío también me ha funcionado y no me ha ido mal hasta ahora”.

Un poco filosóficamente le comenté que los humanos somos sistemas abiertos y podemos llegar a un mismo punto por caminos diferentes. Muchos directivos habían alcanzado un puesto equivalente al suyo sin seguir necesariamente un plan tan marcado. Sin pensarlo mucho, le dije que probablemente su carrera era más estratégica y estructurada, mientras que la mía era más táctica e intuitiva. Pero seguro que en ambas había sentido y criterios lógicos.

Siguiendo su esquema de carrera y de pensamiento, le pregunté qué haría después de llegar a Director General. “Trabajaré en alguna otra empresa, quizá más grande, y antes de los 50 quiero buscar algún negocio interesante en el que yo sea socio y en parte mi propio jefe, trabajando para mí mismo”.

Concluimos finalmente que, como en la canción de Frank Sinatra, cada uno en la vida tratamos de hacer las cosas a nuestra propia manera. Se puede ser feliz por muchos caminos. Él se sentía más seguro con su estrategia y plan que ante cierta indefinición e incertidumbre. Y yo, más constreñido con su enfoque y más cómodo con el mío.

"Espíritus hambrientos"

Influido por la conversación, me pregunté posteriormente qué diferencias y analogías existen entre un planteamiento “estratégico” o “planificado” de la carrera y uno “táctico” o “intuitivo” de la misma, y cuáles son las claves de cada uno. Lo primero que se me ocurrió es que, en el primer caso, disponemos de un mapa o lo elaboramos para saber el camino, y, en el segundo, de una brújula para saber la orientación. También en el primero la carrera es más analógica, lineal y predecible, mientras que en el segundo es más digital, discontinua e impredecible.

En el enfoque estratégico tenemos una guía inicial y un plan lógico marcado, con objetivos de carrera bastante claros y definidos que incluyen el camino a recorrer, con sus hitos y señales de cómo, cuándo y cuánto se avanza. Psicológicamente, la persona tiene buena certidumbre de lo que busca o persigue y también tiene claro su “yo profesional”, alineado con su trayectoria. Conduce por una red de carreteras hasta la ciudad de destino, tras algunas paradas más o menos previstas.

En el enfoque táctico o intuitivo disponemos de la brújula, que suponemos funciona. En permanente oscilación, siempre debe apuntar hacia el Norte, aunque a veces parece atascarse un poco. Podemos contrastarla con la trayectoria del sol, para estar más seguros. Con cierto tino y tacto, sabemos la dirección, aunque no tanto el punto de destino. Nos ayuda a avanzar y seguir el viaje con esperanza. La certidumbre no es con el punto de destino, sino con la orientación. Psicológicamente, el “yo personal” está más claro que el “yo profesional”. Se suele saber más lo que uno no quiere que lo que quiere. Más que hitos y señales concretas, hay contraste, sensibilidad o criterio sobre lo que nos gusta o no nos gusta hacer; si “nos vemos a nosotros mismos” en una determinada actividad. El camino transcurre no por carretera, sino por senderos y, a veces, bosque. Junto a alguna desorientación e incertidumbre hay también descubrimientos inesperados.

Ambos enfoques de carrera tienen sin embargo elementos de reflexión comunes que no deben ignorarse y que sirven para verificar si estamos o no en el camino adecuado:

  • Si seguimos disfrutando con lo que hacemos.
  • Si lo que queremos hacer en la vida pasa por nuestro actual trabajo o empresa.
  • Si los esfuerzos y sacrificios valen la pena y se disfrutan e integran dentro de la trayectoria o plan que se está cumpliendo.
  • Si crecemos como profesionales y como personas.
  • Si nos seguimos sintiendo satisfechos y también motivados.
  • Si vemos que hay horizonte de carrera y futuro.

Sea nuestro enfoque de carrera de tipo “estratégico planificado”, “táctico intuitivo” o de cualquier otro tipo intermedio, los humanos somos “espíritus hambrientos”, y ese hambre del espíritu, que es un pozo sin fondo, sólo se satisface con el máximo aprovechamiento de nuestras mejores capacidades. Para ello siempre serán de extrema utilidad tanto el mapa para unos como la brújula para otros.

José Medina

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