¿Dónde se fueron los líderes, como diría la canción? ¿Dónde marcharon el inolvidable e infortunado Suárez, el europeísta y desaprovechado González, el duro y controvertido Aznar...?

El actual escenario político español, con gobierno, oposición y resto de partidos como actores, nos invita a una reflexión sobre el liderazgo que no está a la altura de las circunstancias ni del puesto. Tanto en el mundo de las organizaciones como en el de la política podríamos denominarlo liderazgo mediocre. Éstas son algunas de sus características:

  1. Errores ajenos más que capacidades logros propios. Además de por sus propios méritos, el líder del Gobierno y el de la Oposición alcanzaron el puesto también por incompetencias ajenas y designaciones a dedo. Ambos hacen verdadera esa frase irónica de que en política, las elecciones no se ganan: se pierden. Algo parecido ocurre en las organizaciones, donde un liderazgo mediocre brota por designación unilateral o por vacío de poder y ausencia de mejores opciones.
  2. Discrepancia entre palabras y hechos: dudosa credibilidad. En el poder, la disciplina de voto cierra filas y parece hacer milagros. En la oposición, surgen políticas a niveles medios cuando el capitán de la nave vacila. Parte de la tripulación se amotina y los peones se transforman en caballos, alfiles y reinas. Ambos líderes necesitan generar credibilidad, esperanza, confianza y resultados, que no se logran sólo con palabras. En vez de manejar y gestionar los eventos, parecen ser éstos los que les manejan a ellos.
  3. Posturas ambiguas y frases convencionales ante situaciones que exigen respuestas claras y concretas. Está relacionado con lo anterior. Ante sus dilemas o conflictos entre pensamiento y acción, entre toma de decisiones, aceptación y puesta en marcha de las mismas, el líder incapaz no puede evitar transmitir mensajes de ambigüedad y ambivalencia al intentar llevar adelante su cometido.
  4. Hiperactividad compulsiva. El líder que no está a la altura tiende a abordar muchos proyectos y/o abrir muchos frentes de ataque. En nuestro escenario político, el síndrome brilla con propio esplendor. En el mundo organizativo, este tipo de líder salta también de un objetivo o proyecto a otro, sin acabar de rematar ninguno. En ambos escenarios, inconscientemente, el líder se mantiene en continuo movimiento, para no ser blanco fácilmente alcanzable y posible pieza de caza.
  5. Cambios inconscientes de estilo de liderazgo. El líder salta de un aparente estilo participativo a uno autoritario y viceversa, sin mostrar un patrón de comportamiento consistente, generando así inseguridad y falta de confianza entre los subordinados. A la disciplina de voto en política responde el "ordeno y mando" organizativo. Una cosa son los partidos de la democracia y otra la democracia de los partidos. Las idas y venidas entre liderazgo participativo y autoritario generan un tercer estilo difuminado entre "duro", "blando" y laissez faire.
  6. Improvisaciones o gestión reactiva de la crisis. Externamente se manifiesta en decisiones deficientes (precipitadas, demoradas o tardías) tanto en el gobierno como en la oposición. La falta de proactividad, de estrategia templada y hasta de criterio, da lugar, en un extremo, a improvisaciones "creativas" y, en el otro, a la parálisis por el análisis. Ambas son formas inconscientes de evadir "hincar los codos" y tomar decisiones trabajadas y maduradas. Son indicadores de baja motivación de logro y de liderazgo mediocre, que oscila entre estos dos extremos.
  7. Gestión mediocre del talento. Tanto en organizaciones como en políticas se cumple la ley de que "los números 1 se rodean de números 1, y los números 2, de números 3 y 4". El líder mediocre se rodea de profesionales mediocres, generando bolsas de mediocridad. Practica un darwinismo selectivo que elimina o invita a marchar a los mejores, pues constituyen potenciales amenazas.

A pesar de todo, hay vida y esperanza detrás del liderazgo mediocre. En las organizaciones, sobre todo, porque acaba siendo sustituido por un líder competente, capaz de llevar la empresa a buen puerto y resultados. Igualmente en política.

Hay algunas cosas en las que los humanos apenas cambiamos. El paso de mediocre a competente es raro, si no imposible. En la vida, en las organizaciones y en la política se suele cumplir un principio básico: el pasado es un predictor del futuro.

José Medina

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