Cuánto cuesta darnos cuenta de que hemos llegado al final de una etapa. Y sin embargo, qué fácil es, cuando alguien se equivoca, decir que lo tenía que haber hecho de manera diferente y que su ciclo ha acabado. Cuánto nos cuesta tomar la decisión acertada en tiempo y forma cuando ese fin está próximo o superado. Qué se lo digan si no a nuestra selección de fútbol. Bandera, estandarte y prácticamente única esperanza durante estos profundos años de crisis y depresión, ha sufrido en sus propias carnes este sinsabor en Brasil.

El ser humano es una máquina de superarse y de querer más sin control. Nadie dudaba del míster ni de los seleccionados antes de la cita carioca. Habían alcanzado premios y cotas inalcanzables para nuestra mente. Apenas había gente que dudara públicamente de si había algún jugador que tenía que retirarse antes de la cita mundialista. Pero cómo no, con las derrotas saltaron todos los resortes, se esfumaron todos los logros que se habían conseguido hasta entonces y comenzaron las críticas y la descalificación a parte de sus integrantes. “Ya lo dije yo”, “tenían que haber cambiado de jugadores” o “esos ya no tenían hambre” fueron frases lapidarias que comenzaron a escucharse en las bocas de los aficionados. Hace poco un político comentaba: “¡Los españoles somos gente que enterramos muy bien!”. Además de muy bien, habría que decir: ¡y muy rápido!

La vida y la carrera de los empleados dentro de la empresa se desarrolla a diferentes velocidades, pero siempre llega el temible punto de salida o el fin del ciclo que es muy difícil de ver, prever y, sobre todo, digerir. Sin embargo, siempre hay indicios o señales que, de algún modo, lo anticipan, tanto desde el punto de vista del empleado como de la empresa. Hay que prestar mucha atención, aunque en este caso lo difícil no es tanto percatarse, sino reaccionar, tomar la decisión acertada por el bien personal o por el bien general de la compañía.

El empleado comienza a tener síntomas de que el punto de salida está próximo cuando le empieza a costar levantarse de la cama para ir a trabajar, cuando comienza a ver sólo los aspectos negativos de la compañía, cuando los roces y el desalineamiento le molestan a diario o cuando no tiene ganas de comer con el equipo y prefiere hacerlo en solitario. En definitiva, se va produciendo un alejamiento inconsciente, leve, moderado de la pareja empresarial (equipo, compañeros de otras áreas, responsables, etcétera) y sin retorno.

Desde el punto de vista del supervisor o del responsable directo las alarmas se disparan cuando el despacho o el área de trabajo de quien ha llegado a ese punto extremo comienza a estar un tanto abandonado, cuando se aprecia un poco de descuido en la higiene diaria, cuando se multiplican las llegadas tarde a la oficina o a las reuniones, cuando las contestaciones agresivas sin venir a cuento se reproducen o cuando emails malinterpretados se responden de manera dura poniendo en copia a varias personas de la organización.

En definitiva, menos compromiso, más irascibilidad, poca comprensión de los problemas habituales y una negatividad creciente y constante que se percibe en los emails y las conversaciones con proveedores, clientes y compañeros. Un error habitual es pensar que “tiene una mala racha, dejémosle tranquilo, es comprensible”. Llegado el momento, es clave tratar el tema e intentar solucionarlo. Es necesario encauzarlo o bien tomar la decisión que tanto nos cuesta: reconocer que se ha llegado al fin de un ciclo, agradecer los servicios prestados y volar a nuevos destinos por el bien de todos.

Volviendo al fútbol, ahora sólo nos queda agradecerles a los jugadores, estos maravillosos años, ¡qué bonitos fueron!, ¡qué alegrías tan grandes nos dieron! Vivimos en una sociedad de repeticiones constantes de la historia, de cambios, de velocidad frenética y donde hay que disfrutar de los momentos. Donde la complacencia o la falta de hambre es olfateada en seguida por la competencia o por otros equipos para machacarnos. ¡Qué viva el final de un ciclo! porque será el comienzo de otro, que seguro que será diferente. Y con visión optimista del nuevo reto, conseguiremos que sea incluso mejor y más prometedor que el anterior. En definitiva, ¡que no nos asusten los cambios de ciclo!

Luis Soler Vázquez-Guillén

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