"Mucha iniciativa, delegación, empowerment y equipo, pero al final siempre se hace lo que dice el presidente, que nos pastorea como quiere". Esto me decía recientemente un directivo. Le respondí que tenía dos opciones: seguir quejándose o cambiar de empresa, y le conté un chiste que vi en Financial Times: el máximo ejecutivo de la corporación sale del edificio. Frente al portal hay un charco, que un fiel subordinado cubre con su gabardina para que el presidente pise sin mojarse. Este le dice: "Smith, es usted un incompetente, pero tiene gran futuro en la compañía".

Como en el chiste, el presidente que pastorea suele llevar sus fieles perros guardianes, ayuda inapreciable para conducir el ganado donde desea, fuera de la iniciativa personal de cualquier sufrida oveja. Este estilo directivo se puede denominar manager de manipular. No es fácil influir en el manipulador ni en su grey, ni en su disimulado juego de pastorear al equipo. El pastor y sus fieles mastines cuidan bien de que las cosas vayan por el cauce previsto. Juegan a un juego al que hay que jugar, y si no juegas no te va a ir bien.

La mejor opción para el directivo que se siente pastoreado es no entrar en el juego, cambiar de empresa e ir a un proyecto en el que pueda contribuir y desarrollarse profesionalmente. Así aprovechará mejor su tiempo y capacidades. Si no, se convertirá en la oveja negra del rebaño y se perjudicará inútilmente, molestando al pastor y a sus mastines. Uno y otros, debidamente azuzados, terminarán mordiéndole.

José Medina

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