Directivos en la pista de despegue

28 may. 2011

Directivos en la pista de despegue

El aterrizaje de un directivo en su nueva compañía, y sus primeros cien días, ha sido con frecuencia objeto de estudio por los expertos en management. El entrar con buen pie es casi siempre decisivo para un desempeño exitoso de un puesto, y las empresas se esfuerzan para que estos procesos tengan lugar con fluidez.

Pero otro tipo de operaciones, las de despedida o despegue, resultan igualmente críticas para el bienestar empresarial y la continuidad de las operaciones. A estas, por el contrario, no se les suele prestar excesiva atención, ya que, por inercia, normalmente lo nuevo resulta más interesante y atractivo que lo viejo. Pero el despegue es siempre un momento crítico, que requiere, como en el transporte aéreo, la máxima concentración.

Para un directivo, tan importante es saber llegar como marcharse: que el despegue deje de ser el final de una historia y se convierta en el principio de otra mejor. Para la empresa, es esencial que los relevos se produzcan con normalidad, sin tensiones que afecten a la producción o a la acogida al nuevo líder.

En ocasiones las empresas o directivos, ante la salida de personas clave, reaccionan con una campaña destructiva sobre la salida y el destino del último directivo, tratando de transmitir mensajes de coacción indirectos ante posibles fugas futuras del talento. No se dan cuenta de que, tras esa estrategia, hay una falta de visión global y de libertad del talento que acaba perjudicando a la empresa y a su imagen.

Para gestionar el adiós, hay ciertas reglas básicas que conviene seguir:

1. Comunicación y coordinación con torre de control. Ha de ser clara, ordenada y coordinada con la dirección general o comité de dirección, para consensuar el slot de salida que mejor se adapte a todos. Es importante ser transparentes y acordar mensajes para evitar malos entendidos. En compañías matriciales, la comunicación se complica por tener diferentes jerarquías y muchas veces deslocalizadas, y también por lidiar con diferentes idiomas, culturas y maneras de entender el cambio.

2. Plan de vuelo. Aunque sea el último vuelo, hay que dejar el avión en perfecto estado de revista: comprobar motores, trenes de aterrizaje, timones de profundidad o estado de la tripulación y realizar como de costumbre las checklist de verificación. Dejar las cosas terminadas y plantear un plan ordenado de traspaso de conocimiento y de funciones al sucesor.

3. Infometeo. En los últimos 100 días en la empresa, hay que tener previstas las posibles inclemencias. Siempre, da igual como sea el despegue, habrá un grupo de gente en contra de la salida. En estos momentos se recoge toda la siembra del trabajo de años y las amistades verdaderas, pero también se aprecian más que nunca los enemigos y la calidad de las personas.

4. Comunicación con la cabina de pasajeros. Comunicar al equipo en tiempo y forma, validando mensajes y transmitiendo calma y control. Es clave la gestión del intangible, es decir, el prestigio y la imagen del profesional. A este le interesa dejar a la compañía en la mejor situación posible: el mundo es muy pequeño y en el futuro tus compañeros o tu compañía pueden ser proveedor, cliente, partner, etcétera.

5. Entrando en pista. La aproximación a la pista la puedes hacer con un motor (single taxi engine out) o con todos los motores en funcionamiento. En los últimos días, el esfuerzo que se realice será mucho más visible que todos los sacrificios anteriores. Es necesario trabajar más que nunca, intentando cerrar flecos y temas pendientes y dejando a quien venga, los temas ordenados. Ahí se aprecia al verdadero profesional y directivo.

6. Pista de despegue. Una vez en la pista, ya solo ves los metros infinitos de asfalto que hay que recorrer. Es la parte más emocional y sentimental, dejar la terminal/compañía atrás con todos los recuerdos: el despacho, la mesa, los compañeros. Se recuerdan las experiencias vividas, los momentos duros y las grandes alegrías. Todo queda registrado en la caja negra del avión/compañía y, por tanto, es necesario el máximo compromiso e implicación.

Todas las despedidas son tristes y duras, pero todo cambio tiene un lado positivo. El que se va sale en busca de nuevas aventuras, vivencias y desarrollo profesional. Los que se quedan tienen huecos a los que optar y, por tanto, ven ante sí retos a los que enfrentarse. Es importante viajar, volar, cambiar de aires y conocer sitios nuevos para ver que hay vida más allá de la jaula, y poder valorar las situaciones pasadas, los compañeros y los proyectos vividos. Buen vuelo.