Entrar en el edificio del número 36 de la calle Almagro de Madrid es un viaje al pasado. Una máquina del tiempo que te traslada a la misma velocidad que asciende el elevador de época con butaca de ante verde que nos lleva a la cuarta planta. Cuando la puerta de la consultoría especializada en la búsqueda y selección de personal directivo Odgers Berndtson se abre, quedan al descubierto techos altos, radiadores de hierro y valiosas alfombras.

El pasillo de este espacio palaciego conduce al despacho del presidente de la firma en España, o mejor dicho, el salón de baile de sus primeros inquilinos. “Los espejos de la habitación son en realidad puertas correderas repartidas por toda la oficina. Si se abren se forma un inmenso salón donde se hacía el baile de la época”, explica su actual morador, José Medina.

Un salón de baile repleto de historia donde el directivo danza a su antojo. “Yo soy bastante espartano, así que disfruto de las cosas bonitas, pero sin depender de ellas”. Es decir, que Medina no considera indispensables ni los cristales antiguos de la ventana en forma de tríptico ni su diván de terciopelo. “Siempre he tenido despachos grandes, pero una cosa es el contenido y otra el contexto. Me podría adaptar a cualquier otro tipo”.

En este –en el que lleva desde el año 1998– optó por muebles rotundos de madera que compró en la tienda de antigüedades de un amigo; alfombras traídas de Portugal y escogidas por su socia y mujer; y un sinfín de láminas. “En origen, los cuadros eran de edificios industriales de Madrid. En un momento dado pasaron al despacho de mi mujer, porque me di cuenta de que me gusta la empresa y vivo de ella, pero que lo que más me interesa son las personas”. ¿Moraleja? Un despacho empapelado de dibujos de Leonardo da Vinci (incluido el Hombre de Vitruvio), Rafael y Andrea del Sarto.

Se puede decir que el despacho del headhunter ha sobrevivido a desastres naturales. Tal cual. Hace un tiempo hubo una inundación en la planta de arriba que afectó a este espacio. Medina enseña los libros que, a pesar de mojarse, salieron ilesos. Quizá fue cosa de los orishas que hay en la misma estantería y que compró en Bahía (Brasil). Dos orishas –seres de la simbología africana– que representan el raciocinio y la espontaneidad y que le acompañan desde hace 10 años.

De sus viajes tiene varios souvenirs con forma de animales, como los escarabajos e ibis de Egipto o unas tortugas de China. Este zoo en miniatura no sólo tiene funciones decorativas: “Los coloco sobre las pilas de documentos con trabajo pendiente. Por ejemplo, los que están bajo la tortuga no son muy urgentes”. Y es que para Medina las cosas irrelevantes son las que marcan la diferencia. “Aquí hay muchos mensajes implícitos de cómo soy”.

Cuando se marchó de Cepsa (era director de RRHH) se pasó una semana “deshaciendo el despacho”. Al final lo único que se llevó son dos portalápices con el nombre de la empresa. “Si me cambiara ahora, sólo me llevaría la foto de mi mujer y de mi hijo”.

Haga clic aquí para ver el vídeo:

http://www.expansion.com/2013/03/10/directivos/1362955450.html

Nerea Serrano

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