Ahora que está en fase de consulta la actualización del Código Unificado de Buen Gobierno de las Sociedades Cotizadas y que aparecen estudios sobre la presencia de las mujeres en los consejos de administración, creo que viene a cuento una reflexión sobre el título del artículo.

A lo largo de mi actividad como consultor de búsqueda de directivos y consejeros, el mayor reto al que me he enfrentado en los diferentes proyectos de búsqueda y evaluación de directivos y consejeros ha sido respetar los principios de no-discriminación e igualdad de oportunidades. La tardía incorporación en España de la mujer al mercado de trabajo y, por tanto, a posiciones directivas, ha mantenido este asunto fuera de la agenda corporativa durante demasiado tiempo. Desde que María Goyri se convirtió en la primera mujer que obtuvo una licenciatura universitaria en 1896, la presencia de la mujer en la universidad ha cambiado a mejor de forma radical. La consecuencia más directa es la presencia creciente de mujeres en posiciones directivas, pero conviene no olvidar el hecho de que la proporción hombres/mujeres en el universo de candidaturas potenciales para posiciones directivas todavía presenta enormes variaciones de un área funcional a otra, y también según el sector de actividad de que se trate.

A título de ejemplos, en los últimos años se ha producido un notable incremento de la presencia de mujeres en posiciones de máxima responsabilidad en Recursos Humanos, donde la paridad es muy alta; en Finanzas, donde la presencia es muy notable, al igual que en Marketing. La otra cara de la moneda es que, todavía, nos encontramos con que las presidentas, consejeras delegadas, directoras generales y consejeras independientes, tanto en empresas cotizadas como no cotizadas, están lejos de alcanzar en número a sus homónimos varones. Si el análisis lo trasladamos a los diferentes sectores de actividad, nos encontramos con que la presencia de mujeres directivas y consejeras es muy desigual, con una notable escasez en sectores como el financiero, construcción, infraestructuras, o industrial.

En general, el mundo de la empresa está todavía lejos de reflejar la estructura social de nuestro país en términos de paridad.

Por otro lado, y sin haber hecho un análisis cuantitativo, me atrevo a decir que la estabilidad media de las mujeres en las posiciones directivas supera notablemente al de sus homónimos varones. Eso quiere decir, entre otras cosas, que los factores personales y familiares no han afectado negativamente al desempeño de sus funciones y al cumplimiento de sus objetivos y, en muchos casos, ha favorecido a esas empresas en factores claves como el despliegue de una estrategia estable, coherente y consistente, y también en favorecer una verdadera conciliación de la vida personal y laboral de los integrantes de la organización, lo cual suele conllevar un buen clima laboral y, por ende, una mayor productividad. Lo anterior también se manifiesta en el hecho de que cada vez son más los ejecutivos varones que reconocen en privado sentirse más confortables reportando a una mujer, por factores como, por ejemplo, la concreción y la comprensión, inclusive dando por hecho que el nivel de exigencia puede ser mayor.

Si lo anterior le unimos el esfuerzo suplementario que para muchas mujeres, directivas o no, supone encontrar su particular equilibrio entre los aspectos personales o familiares y los profesionales, hay que reconocer que en ellas, como directivas, abundan competencias que suelen ser más escasas entre sus homónimos varones.

En mis inicios en esta profesión, un cliente me pidió, con un argumento que no voy a repetir aquí, que quería un hombre para el puesto. Pues bien, acabó contratando a una mujer, la cual no sólo se casó y tuvo hijos, sino que acabó sucediéndole a él.

Desde entonces, afortunadamente, la situación ha evolucionado mucho, gracias al transcurso del tiempo, al incremento del nivel cultural y, por tanto, al creciente nivel de madurez como sociedad, pero, sobre todo, a la paulatina desaparición de conceptos difíciles de justificar en el subconsciente de muchos ejecutivos varones.

Sin duda alguna, como los datos evidencian, todavía queda mucho camino por recorrer, pero respetando siempre el principio de no-discriminación e igualdad de oportunidades, no nos queda más remedio que reconocer que, en "caso de empate", las mujeres primero.

Por mí no quedará, porque tengo claro que saldremos todos ganando.

Luis José Murillo

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