Hace unos días, la Directora de Acción Social Corporativa de una gran entidad financiera nos hablaba con entusiasmo del proyecto por el que se plantarán un millón de árboles en Canarias. Entre ellos, más de veinte mil pinos canarios, autóctonos de las islas, irán a parar al valle de La Orotava, en Tenerife, en una zona que prácticamente quedó arrasada por un temporal en diciembre de 2002. Anteriormente, durante la década de los 40, se había plantado una especie de pino californiano, junto con una parte menor de variedad canaria. El vendaval arrancó de raíz o quebró el tronco de casi todos los no  autóctonos, y sólo los canarios quedaron en pie.

En las crisis aprendemos a superar el dolor de las heridas para resurgir como el ave Fénix

El californiano es de rápido crecimiento, tronco más gordo, más frondoso, de hojas más verdes y más alto, pero de madera más frágil y blanda. El otro es de más lento crecimiento, menor tamaño, tronco más fino y madera más fuerte, flexible y menos quebradiza. Tiene, además, dos peculiaridades únicas. Cuando es azotado por un vendaval, sus hojas se desprenden, y lo hacen menos vulnerable al viento, y sus raíces, que son profundas y fuertes, sustentan mejor al tronco y al resto del árbol. Además, ante un incendio o erupción volcánica (nada sorprendente en esta zona), ambos pinos, por el calor, abren sus piñas, que estallan en piñones desparramados para proteger la especie, como todo ser viviente. Pero mientras el pino californiano muere en el incendio y queda seco, el canario, tras quemarse, brota nuevamente de sus raíces y sigue creciendo, hasta generar un nuevo árbol.

Una historia de “Management”

La descripción era fascinante. Parecía una parábola bíblica, una historia de “management” o de la vida misma. En las mismas tempestades, unos barcos naufragan, mientras que otros siguen adelante. En los momentos cruciales de nuestra vida, en los que nunca elegimos el lugar ni la ocasión, es cuando se ponen a prueba nuestras mejores capacidades, virtudes y defectos. Para afrontar cambios que a veces son tempestades, tenemos que saber afirmarnos en nuestras raíces, desprendernos de lo que nos puede lastrar y que no necesitamos en estas tesituras, y, sobre todo, ser fuertes y flexibles ante los vientos que azotan nuestro rostro. Son vientos que también impulsan nuestras velas y nos fortalecen, para navegar más lejos y adaptarnos mejor a lo que nos viene ahora y nos vendrá después. También en las crisis aprendemos a superar el miedo y el dolor de las heridas, para descubrir que, como el ave Fénix, podemos brotar de nuestras propias cenizas.

Todo lo duradero y realmente importante en la vida se construye poco a poco, golpe a golpe y verso a verso, sin prisas compulsivas. En cada momento, y sobre todo, al final, somos lo que hemos ido haciendo cada día.

Humildad y fortaleza

El pino canario es como los “Encinares Castellanos” que describe Antonio Machado en sus poemas. Humildad y fortaleza. Cada vez que desde el mirador de Humboldt, en la carretera que desciende del Teide, o más arriba, desde el de Izaña, he contemplado el valle de La Orotava, me ha parecido distinto, dentro de su esplendorosa belleza. Es un lugar que siempre me fascinó, desde mis primeros años de trabajo en la refinería de Tenerife, donde todo lo mucho que aprendí -como el tiempo que uno dedica a la familia y a los hijos- por mucho que sea, siempre me ha parecido poco.

Debemos ser generosos con quien nos sigue, para dejar las cosas mejor que las encontramos

Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río ni nunca volvemos al mismo lugar, pues ni él es el mismo ni nosotros. Recuerdo la mancha verde oscuro, ahora amarillenta, donde se hallaban los pinos californianos. Como ellos, nunca llegué del todo a echar el ancla y las raíces en esa hermosa tierra, y otros vientos me arrancaron de ella. Algunos compañeros allá se afincaron, y, como el pino canario, mantienen sus raíces fuertes en la isla, con su mujer y sus hijos. La vivencia y evocación de este trozo de pasado superan al recuerdo. Los años transcurridos se comprimen en un solo instante cuando contemplo ese valle, que inunda de verde el mar, como decía una canción.

El proyecto de Acción Social Corporativa en el valle de La Orotava nos recuerda que ante los cambios y eventos de la vida hay que tratar de ser como el pino canario: raíces y convicciones firmes; ligeros de equipaje, donde sobran hojas y adornos; fuertes, flexibles y resistentes en cuerpo y en espíritu. Y, finalmente, valientes, generosos y comprometidos con quienes nos siguen, para dejar las cosas mejor que las encontramos, y así renacer. Tal como, a su manera, lo hace el pino canario.

José Medina

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