“Una de las conclusiones de la última encuesta es que rotar de país y/o de puesto cada tres años está resultando excesivamente duro para nuestros directivos, y muchos se marchan por eso. ¿Qué te parece?”.

Así nos hablaba hace 3-4 años el Vicepresidente de Recursos Humanos de una multinacional de gran consumo, líder mundial en su sector, excelente captadora y desarrolladora del talento, pero con serias dificultades para retenerlo.

Le contesté que, para llegar a esa conclusión no hacían falta encuestas. Bastaba tener familia, o ver cómo languidecen y finalmente mueren los árboles que se trasplantan muy a menudo. Datos y números nos gritan al oído lo que la intuición y sensibilidad ya nos cantan desde hace tiempo.

En este grupo, la alta y permanente presión sobre los resultados llevaba a muchos de sus buenos profesionales a buscar otros horizontes, cambiando de empresa. Esto era hasta tenido a gala como valor corporativo: “No todos son capaces de galopar al ritmo de la casa”. Pero ésta, además de una gran entidad, era una auténtica trituradora de parte de su talento. Hubo al final un cambio de rumbo en el que, sin olvidar resultados, se cuidó la dimensión humana más candorosamente.

Cortoplacismo, presión por resultados, rotación frecuente, carrera internacional, son con frecuencia antesala de cambio de muchos buenos directivos que buscan, además de trabajar duro y bien, vivir a gusto con su mujer y con sus hijos, en equilibrio, si es que es posible, con su carrera y con sus metas profesionales.

Son muchos los factores que influyen en la disposición a cambiar, empezando por la ruptura de la tradicional lealtad corporativa y gestión de la propia carrera por parte del directivo. El desarrollo profesional, un proyecto atractivo, la familia, el riesgo y también el dinero, son los factores que pesan en la balanza de la decisión.

Al respecto, la Asociación de Consultores de Executive Search (AESC) está llevando a cabo una encuesta, a la que han respondido más de 1.000 directivos de todo el mundo y 100 consultores de Búsqueda.

Una de las áreas contempladas es la carrera internacional. A ambas poblaciones se pregunta en qué grado ésta constituye un factor clave en el desarrollo profesional. Los consultores de búsqueda responden afirmativamente en un 74%, mientras que los directivos lo hacen en un 57%.

Las razones de esta diferencia parecen residir en que la importancia de la carrera internacional ha quedado un tanto desacreditada entre los directivos durante los últimos 20 años. Muchos de los que han aceptado un puesto internacional como paso ascendente en su carrera con vistas a ser posteriormente CEO en su país, descubren que han sido olvidados y que otros colegas ocupan ahora los puestos a los que ellos aspiraban. Todo ello tras haberse trasladado a otro país y cultura, con su mujer e hijos. Muchos cambian de empresa en los dos años siguientes.

La diferencia de apreciación puede también deberse a que los consultores consideran que los puestos internacionales son realmente pasos adelante en la carrera, y por tanto les dan un gran valor. No siempre parece ser así en la propia experiencia de los directivos. El dinero también influye, pero de ninguna forma lo es todo. Sólo el 44% de los directivos considera que salario y beneficios pesaron mucho, frente a un 79%, para quienes el proyecto y una mayor responsabilidad fueron los factores clave.

Hemos constatado que, en muchos casos, el umbral de la carrera internacional suele ser motivo de cambio de empresa para muchos directivos españoles y también extranjeros que trabajan en España: “Ya hice las maletas con la familia una vez o dos, y creo que ya es bastante”. Cada caso es único, y se vive intensamente. El billete de vuelta rara vez está garantizado, y menos en el mundo de hoy. El no ver claro el horizonte de carrera a tres o cinco años vista, más aún teniendo en cuenta la experiencia de otros, que al “ irse a Sevilla” vieron con el tiempo la silla ocupada, les hace plantearse el cambio.

Lo que más me ha llamado la atención en estos casos es la escasa conexión que el interesado hace entre las decisiones de moverse que ha ido tomando a lo largo de su carrera y las repercusiones que todo ello ha tenido en su vida personal y familiar. Parece ligar su situación actual, con frecuencia de clara infelicidad, a factores más o menos normales de que, en cierto grado, éstas son las reglas del juego en el trabajo, carrera y vida.

He entrevistado a muchos directivos cuya carrera internacional les ha supuesto importante desarrollo profesional y acceso a puestos de mayor responsabilidad. Pero también a muchos otros, frecuentemente de cultura anglosajona, que, errantes por el mundo, acaban con su familia y vida personal hechas jirones.

Ninguno de nosotros puede ser neutral ni objetivo. Observamos las cosas con el color de nuestras gafas y desde nuestro rol y cultura. Los latinos somos más afiliativos y de familia y, por tanto, más propensos a echar raíces y más reacios a una carrera internacional larga o indefinida. La vida está llena de opciones, cada una a un precio.

Pero el que a veces se paga por andar errante supera con creces los umbrales de cualquier cultura.

José Medina

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