En una visita al castillo de Baroque-Festschloss Hof durante nuestra última reunión de socios en Viena, presenciamos una serie de ejercicios ecuestres que llevaban a cabo unos expertos jinetes húngaros. Su galopar poco tenía que ver con la ortodoxia y elegancia exquisita de la famosa Escuela Española de Equitación de Viena. Se trataba de algo más montaraz,  primitivo, espontáneo y apasionado,  que, a veces, me recordaba el fogoso galopar de los indios y “cowboys” en inolvidables “westerns” de mi niñez.

Cercano el final, el jinete más experto apareció con dos caballos, uno blanco y otro negro, diciendo que iba a galopar en los dos. No entendimos bien en qué consistía el ejercicio, hasta que, poniéndose de pie en ambos y manteniéndose erguido con una pierna apoyada en cada caballo, nos dejó perplejos, galopando por el campo a un fuerte ritmo durante varios minutos y guiando juntos a los dos animales sin truco alguno, salvo las bridas con que los dirigía.

Como un “flash” relampagueante, fantasmal, sentí repentinamente que el húngaro galopaba sobre algo imposible de mantener unido y de sustentarle. Cabalgaba a lomos de una paradoja.

Paradoja es palabra de origen griego que describe dos afirmaciones aparentemente contradictorias que en la realidad práctica resultan no serlo. Por ejemplo, en el mundo de las organizaciones nos enfrentamos a veces a demandas en principio opuestas: “O nos orientamos a los resultados o a las personas”, “O nos centramos en el corto plazo o en el largo”, “O fomentamos la creatividad o la disciplina”, etcétera.

Genio y valentía

Por otra parte, nuestro “sentido común” se resiste a integrar y satisfacer simultáneamente estas demandas. Y, sin embargo, podemos resolver muchas de estas paradojas, cabalgando eficazmente sobre ellas. Muchos grandes líderes consiguen alcanzar objetivos que parecían incompatibles. Con genio y valentía, sustituyen el “o” excluyente por el “y” integrador de la paradoja. Como el experto jinete húngaro, galopan en los dos caballos al mismo tiempo cuando los demás se preguntaban en cuál de ellos montaría primero.

En una reciente reunión con líderes de varias empresas importantes de Barcelona, fueron muchos los que abordaron el problema de una excesiva presión por resultados que conduce a alta rotación y pérdida de talento directivo. Los resultados sostenibles sólo se logran integrándolos con la preocupación por las personas, nivelando la aparente contradicción en ambos platos de la balanza mediante el liderazgo necesario que cabalga sobre la paradoja.

En algunas de estas organizaciones es frecuente que una parte sustancial del bonus de los directivos (a veces hasta un 50%) vaya ligado a su gestión de las personas, penalizando la rotación excesiva en su área. El sistema de recompensas deja claro que:

  • El cómo se logra es tan importante como el resultado.
  • El resultado no sostenible no es buen resultado.
  • Se premia la retención y desarrollo del talento.
  • Integridad, diversidad y balance de vida personal y profesional son importantes.

En resumen, galopar sobre dos caballos es un reto permanente para el liderazgo. Integrar ésta y otras muchas paradojas es una de sus misiones básicas.

José Medina

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