Si repasamos los momentos que en nuestra carrera han dado lugar a un cambio, promoción o nuevo proyecto significativos, podemos llevarnos más de una sorpresa. El azar, la suerte, muchas veces merecida, y alguna anécdota, se hallan con frecuencia presentes. La rueda de la fortuna genera oportunidades que hemos sabido aprovechar o no. En estas tesituras nos guían la perspicacia y el raciocinio, pero, especialmente, la intuición, sobre todo en ocasiones en que decimos “no” o descartamos la oportunidad.

Generalmente, los premios o promociones obtenidos en la vida son resultado del trabajo bien realizado. Igualmente, los cambios son tanto más satisfactorios cuanto más sentido tienen en nuestra carrera y nuestra vida, no cuando buscamos éxitos a corto plazo. El éxito duradero, no efímero, tiene lugar no como objetivo, sino como consecuencia del trabajo hecho con sentido. Es cuando aplicamos y desarrollamos nuestras mejores capacidades de aprender, crecer y realizarnos en la vida.

En esta selva del azar y oportunidades aprovechadas o perdidas, podemos extraer algunas ideas útiles. Invito al bondadoso lector a identificar en su carrera casos homólogos a los que cito, que, desde luego, no pretenden ser ejemplo.

1.  QUE EL AZAR TE SORPRENDA TRABAJANDO. La anécdota es teatral. Durante un proyecto en Refinería, decidí quedarme un sábado en la residencia para adelantar el trabajo. En un cálido atardecer en la terraza, en bañador, con una cerveza, un amplio tablero de diagramas y una lámpara, me sorprendió la entrada de todo el Consejo de Administración. El salón era mi única salida, salvo que saltara al jardín desde un primer piso. Decidí seguir en mi trabajo, preocupado por la situación y por mi indumentaria. Al poco, como me temía, el Presidente me vio y salió, preguntándome cortésmente quién era. Confuso, me disculpé por mi aspecto y le describí lo que estaba haciendo. Tras observar con atención el tablero unos minutos y preguntarme detalles, me pidió disculpas por interrumpir, diciéndome que siguiera en mi trabajo, pues ellos se marcharían inmediatamente. Informé a mi Director en Madrid, generándole, sin pretenderlo, mucho desasosiego todo el fin de semana. El lunes, en planta, recibí una llamada urgente. Era mi jefe, alborozado. Le había llamado el Presidente para felicitarle: “¡Profesionales como nosotros éramos ejemplo y orgullo para la compañía!”. Un mes después me propusieron para Jefe de Departamento. Aparte de mis posibles méritos, no hay que ser muy sagaz para asociar los eventos. Nunca tan teatralmente me sorprendió el azar trabajando.

2.  LÓGICA Y TODA LA INTUICIÓN AL DECIR “NO”. En otra ocasión me estaban preparando para la dirección de un importante proyecto. Dos altos directivos, de quienes yo iba a depender, estaban decidiendo detalles de mi destino cuando, inesperadamente, comenzó una discusión acalorada entre ellos, ignorando mi presencia. “Están pintando un futuro donde yo no cuento”, pensé surrealistamente. Sentí un “click” que me llevó a decir “no” al proyecto, con todo preparado. Los hechos siguientes confirmaron mi decisión, no tanto lógica y racional como intuitiva. La razón, a posteriori, es como la “prueba del 9” de la intuición. Decir no es más difícil que decir . Cuando decimos no a algo estamos diciendo quiénes somos y a qué jugamos o no en la vida. Nunca aceptes algo con lo que no estás de acuerdo o que no terminas de entender.

3.  BUSCAR EL SENTIDO, NO EL ÉXITO. Las tres decisiones más significativas en mi carrera fueron el paso a Recursos Humanos, el cambio a la EOI y mi incorporación a Odgers Berndtson. En las tres fui inocente y generoso en lo económico, sin un camino claro de éxito. Pero todas ellas tenían sentido en mi carrera y en mi vida. Respondían a lo que yo quería hacer. Descartaba el fracaso: estaba seguro de que me iba a ir muy bien o razonablemente bien. Ignorancia y optimismo juntos pueden hacer milagros. El éxito, como lo que llaman felicidad, no es un objetivo a buscar y lograr. Es la consecuencia y resultado del sentido y del amor al trabajo y a tantas otras cosas importantes de la vida, más allá de nosotros mismos. El camino es la meta.

4.  DISFRUTAR Y APRENDER = SATISFECHO Y MOTIVADO SIEMPRE. “Creo que estás cambiando un duro por cuatro pesetas”, me dijo alguien al pasar a Recursos Humanos. Pero disfruté, aprendí, aporté y construí los cimientos de una vocación rocosa en la que sigo hasta ahora. Igualmente, nadie, salvo mi mujer, entendió mi cambio a la EOI, ganando menos de la mitad que en mi anterior empresa. Jamás disfruté, aprendí y trabajé tanto. El salario emocional era inmenso, aunque el otro rozaba a veces la bancarrota. Aprendizaje, desarrollo y crecimiento están ligados a lo lúdico. Los niños lo saben muy bien. Además, hay que aprender a disfrutar e integrar en el proyecto los escollos que brotan por el camino.

5.  DESCUBRIR ALGO MÁS GRANDE QUE TÚ. La Búsqueda de Directivos me ha hecho descartar prácticamente otra actividad más gratificante. Pero, si después del medio siglo no te duele algo en el cuerpo o en el espíritu, es que estás muerto. Algo importante que he descubierto en mi trabajo ha sido la Consultoría de Carrera: ayudar a los profesionales y a las personas a ser ellos quienes dirijan y gestionen su propia carrera y futuro. En toda profesión eres aprendiz, oficial, maestro y artista, y vuelves a aprendiz, ante el misterio de lo mucho que desconoces. Lejos de llegar a artista, he pasado de nuevo a aprendiz, para ayudar a la gente en sus carreras.

En definitiva, no hay destino escrito, aunque sí azar. Que éste y la suerte te sorprendan trabajando, “con 10% de inspiración y 90% de transpiración”, en algo con sentido en tu carrera y vida. El éxito duradero y auténtico, el tuyo, vendrá como consecuencia.

José Medina

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