Autoestima y victoria: ser del Atleti (II)

04 may. 2010

Autoestima y victoria: ser del Atleti (II)

Cuando el Atleti decidió fichar a Quique, confieso que no me hizo mucha gracia, porque arrastra un pasado "demasiado blanco". Hoy, en dos finales, no siento pudor alguno en reconocer que me equivoqué.

Quique, con su nombramiento como entrenador, está investido de un liderazgo formal en virtud del puesto que ocupa. Este tipo de liderazgo atribuye a quien lo ejerce competencias para dirigir un grupo, pero raramente consigue transformarlo en un equipo. Para transformar un grupo en un equipo cohesionado, con intereses alineados hacia la consecución de objetivos comunes, hace falta estar investido, además, de liderazgo moral. Este tipo de liderazgo es una característica más intrínseca a las personas, con la que, podríamos decir, "se nace". Sin embargo, el liderazgo formal "se adquiere de forma ajena a la propia persona o es otorgado por terceros". En distintos ámbitos, se ha demostrado que quienes promueven transformaciones positivas en las estructuras que gestionan o dirigen, ya sean políticas, religiosas, empresariales o deportivas, por poner un ejemplo, incorporan en su estilo, o de gestión, los dos liderazgos de una forma equilibrada, y son capaces de modular la importancia de una u otra faceta, con inteligencia sutil y acusada perspicacia, en función de lo que requieren las circunstancias.

Una descripción poco ortodoxa de lo que, a mi juicio, contribuye a una adecuada integración del liderazgo formal y moral, consiste en una mezcla de: adecuado manejo de la información disponible, dosificándola sin ocultación; capacidad de comunicación, con una inteligente utilización del fondo y la forma; impacto e influencia, más orientados a persuadir que a imponer; saber fortalecer los vínculos internos del grupo, ya sean personales o profesionales; gestionar de forma equilibrada los egos individuales, supeditándolos a objetivos colectivos; motivar al equipo hacia la consecución de unos objetivos definidos, tangibles y factibles; identificar hitos concretos en "el camino" y sacar conclusiones, siempre constructivas, que ayuden a reforzar la estructura y la cohesión del grupo; saber cómo transformar derrotas en victorias; y mantener, y enseñar a mantener, el control en las situaciones adversas.

Independientemente de lo que ocurra en los próximos días, en el caso que nos ocupa, Quique ha llevado a cabo una impresionante labor de reconstrucción de la autoestima individual y colectiva. En Anfield se vio un equipo cohesionado, que actuaba con criterio y, lo más importante, que no se descompuso cuando las cosas se pusieron peor. En definitiva, un grupo de profesionales con la autoestima en "su sitio" y sentido del compromiso.

Además de la excelente labor del cuerpo técnico, es curioso comprobar cómo, en este tipo de partidos, la condición física de los jugadores es francamente buena y se lesionan menos. Probablemente, la autoestima también tenga mucho que ver en ello.

Por distintos motivos, creo que no va a pasar nada porque perdamos alguno de los partidos que nos quedan en la Liga. Bien visto, podría ser una excelente manera de hacer una catarsis física y psicológica en una competición en la que no nos jugamos nada y contribuiría a liberar tensión, permitiendo acumular energía para lo que va a ser verdaderamente importante.

En definitiva, ahora que los jugadores a título individual, y el equipo como colectivo, parecen tener integrado en su conducta un "manual de instrucciones" definido, deben ser capaces de capitalizar su autoestima y "darnos" las dos copas, que ya nos las merecemos.

Para terminar quiero resaltar una vez más, la importancia de contar con un adecuado liderazgo orientado a reforzar la autoestima individual y colectiva, como la clave para enfrentarse a las situaciones más adversas. Que cada uno lo aplique donde lo estime oportuno.