Lo que llamo hábitos autodestructivos son conductas que practicamos a diario y que, sin darnos cuenta, perjudican nuestra higiene física y mental. En Navidad también corremos mayor riesgo de caer en ellos. Por ejemplo, comer o beber en exceso, cenar copiosamente, apenas desayunar, conducir deprisa y/o sin cinturón, usar taxi o ascensor en distancias o alturas cortas, no relajarse ni tomarse un respiro, perder la paciencia, enfadarse estresado por nimiedades típicas de conflictos familiares navideños...

Todos podemos controlar estos hábitos y reconducirlos en nuestro beneficio. ¿Cuánto grado de autodestrucción me estoy permitiendo?

Los hábitos descritos son de los más frecuentes y fáciles de gestionar, pues ello depende casi exclusivamente de nosotros. Algo curioso que ocurre al controlar los hábitos autodestructivos es que la mejora en uno influye en mejorar otro, gratificando y motivando así la conducta de buenos propósitos. Relajarse y tomarse un respiro influye en evitar disgustos y tener paciencia; comer y beber con moderación muestra que eres tú quien controla tu cuerpo y tu mente. Ya que tú eres el protagonista de tus propios hábitos autodestructivos no olvides que ocupas el asiento del conductor y que, para reconducirlos, debes tomar la curva con suavidad, seguridad y firmeza, saliendo en la dirección certera.

Reconducir estos hábitos es una mejora permanente y un viaje sin fin donde, además de parar en lugares agradables, se conduce con esperanza y optimismo.

José Medina

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